SÍNODO DE LOS OBISPOS

"Vosotros sois la sal de la tierra...
Vosotros sois la luz del mundo" (At 5,13-14)

LA IGLESIA EN ÁFRICA AL SERVICIO DE LA RECONCILIACIÓN, LA JUSTICIA Y LA PAZ
(Traducción particular no oficial del inglés)

II ASAMBLEA ESPECIAL PARA ÁFRICA

LA IGLESIA EN ÁFRICA
AL SERVICIO DE
LA RECONCILIACIÓN , LA JUSTICIA Y LA PAZ

“Vosotros sois la sal de la tierra…
Vosotros sois la luz del mundo” (Mt 5, 13-14)

LINEAMENTA

CIUDAD DEL VATICANO
2006

ÍNDICE

PREFACIO

INTRODUCCIÓN

CAPÍTULO I

ÁFRICA EN LOS ALBORES DEL SIGLO 21

I. África después de la Publicación de Ecclesia in Africa

1. Algunos desarrollos positivos
2. Algunos acontecimientos negativos
3. Los objetivos de estos Lineamenta

II. Algunas Prioridades

1. El aspecto Socio-Político
2. El Aspecto Socio-Económico
3. El Aspecto Socio-Cultural

III. Las Religiones al Servicio de la Reconciliación , la Paz y la Justicia en África

1. Religión Tradicional Africana
2. El Islam
3. Colaboración con otros cristianos

IV. La Perspectiva , ¿ Quo Vadis Africa ?

CAPÍTULO II

JESUCRISTO, LA PALABRA Y EL PAN DE VIDA
NUESTRO RECONCILIADOR, NUESTRA JUSTICIA Y NUESTRA PAZ

I. La Palabra de Vida en Abundancia

II. Pan de Vida

CAPÍTULO III

LA IGLESIA , SACRAMENTO DE RECONCILIACIÓN
JUSTICIA Y PAZ EN ÁFRICA

I. La Perspectiva Misionera de la Recepción de la Iglesia-Familia de Dios en África Contemporánea

II. La Doctrina Social de la Iglesia y su Misión Evangelizadora.

1. Algunos principios fundamentales de la Doctrina Social de la Iglesia

a) El Fundamento Teológico y Antropológico
b) Algunos Principios Fundamentales

2. Algunas Tentaciones a superar

 

CAPÍTULO IV

EL TESTIMONIO DE UNA IGLESIA QUE REFLEJA
LA LUZ DE CRISTO SOBRE EL MUNDO

I. La Iglesia en su Aspecto Jerárquico y Testimonio en el mundo

1. El Papel del Obispo y de las Conferencias de los Obispos
2. Las Comisiones Episcopales de Justicia y Paz
3. Sacerdotes, Personas Consagradas e Instituciones de Formación en la Iglesia

a) Sacerdotes
b) Personas Consagradas
c) Instituciones de Formación en la Iglesia

II. El Compromiso de todos los Fieles al Servicio de la Reconciliación , la Justicia y la Paz

1. La Identidad y la Misión de los Laicos en la Iglesia y en el Mundo
2. Importancia de la Formación de los Laicos
3. Algunos Aspectos que requieren Particular Atención

a) Mutuo Respeto y Aceptación
b) Reconciliación y Perdón
c) Reconciliación y Curación
d) Violencia y Pobreza
e) Poner Fin al Comercio de las Armas y a la Salvaje Explotación de los Recursos Africanos
f) El Reconocimiento de las Minorías
g) Fuentes Subjetivas y Psicológicas de la Guerra

CAPÍTULO V

LOS RECURSOS ESPIRITUALES
PARA LA PROMOCIÓN DE LA RECONCILIACIÓN
LA JUSTICIA Y LA PAZ EN ÁFRICA

I. El Carácter Básico del Camino de Vida del Cristiano en el Mundo

II. La Vida Litúrgica como Foco de la Espiritualidad Cristiana

III. Hacia una Espiritualidad de Compromiso en el Mundo

1. Una Espiritualidad del Trabajo bien hecho, profundamente enraizado en el Amor a Dios y al Prójimo
2. La Libertad Cristiana y el Sentido de Familia como signos distintivos de esta Espiritualidad

CONCLUSIÓN

POR UNA ESPIRITUALIDAD ORIENTADA
HACIA LA COMUNIDAD
PARA EL SERVICIO AL MUNDO

CUESTIONARIO

 

PREFACIO

Hace doce años, desde el 10 de Abril al 8 de Mayo de 1994, se celebraba la Primera Asamblea Especial para África del Sínodo de los Obispos con el tema: “ La Iglesia en África y su Misión Evangelizadora Hacia el Año 2000: Vosotros seréis mis testigos (Acts 1, 8)”. El Siervo de Dios, el Papa Juan Pablo II, había expresado su intención de convocar este importante encuentro para la Iglesia el 6 de Enero de 1989 de modo que permitiera un período de tiempo suficiente para preparar la Asamblea. Los procesos para la Primera Asamblea Especial fueron acogidos con gran entusiasmo, comprometiendo a todos los miembros de la Iglesia Católica en África, a saber, las diócesis, las parroquias y movimientos eclesiales. También llamaron la atención a los de otras iglesias y comunidades cristianas, así como a los representantes de religiones no cristianas, por no mencionar, más ampliamente, a las gentes de buena voluntad de cada continente.

La Exhortación Apostólica Post-Sinodal
Ecclesia in Africa reunió los resultados del proceso sinodal como un todo: Desde la preparación hasta la celebración de la Asamblea – oraciones, intercambios de información, una común participación en las alegrías y tristezas de las diversas situaciones en la Iglesia , cultura, vida social y civil, y la profunda reflexión en cada uno de los temas que fueron discutidos por los obispos de la Iglesia en un clima de sosegada comunión característica del Colegio Episcopal encabezado por el Obispo de Roma, el Presidente del Sínodo y Pastor de la Iglesia universal. La exhortación Apostólica fue publicada el 14 de Septiembre de 1995. Desde ese tiempo, ha guiado la actividad pastoral de la Iglesia Católica en África.

El Papa Juan Pablo II, cediendo al deseo de muchos obispos, sacerdotes, personas consagradas y fieles laicos, anunció el 13 de Noviembre de 2004 su intención de convocar una Segunda Asamblea Especial para África del Sínodo de los Obispos. El Santo Padre, el Papa Benedicto XVI confirmó el proyecto de su predecesor anunciando el 22 de Junio de 2005, en la presencia del Consejo Especial para África de la Secretaría General del Sínodo de Obispos, su decisión de convocar en Roma la Segunda Asamblea Especial para África del Sínodo de los Obispos.

En colaboración con el Consejo antes mencionado, Su Santidad el Papa Benedicto XVI especificó el tema del encuentro sinodal: “ La Iglesia en África al Servicio de la Reconciliación , Justicia y Paz: Vosotros sois la sal de la tierra… Vosotros sois la luz del mundo (Mt 5, 13, 14)”. El tema continúa el gran motivo de la Primera Asamblea Especial para África del Sínodo de los Obispos y concibe una evaluación de los logros en todas partes con manifiesta preferencia por aquello que ha tenido lugar dentro de la Iglesia. Desde el último encuentro sinodal, sin embargo, la situación en África ha cambiado considerablemente. Esta nueva realidad requiere un estudio concienzudo en vistas a un esfuerzo renovado de evangelización, que llama a un análisis más profundo de importantes temas específicos para el presente y futuro de la Iglesia Católica en el gran continente africano.

Gracias a Dios, durante estos pasados años, la Iglesia Católica , la Familia de Dios que peregrina en África, ha experimentado un considerable crecimiento por todo el continente, especialmente en el número de fieles. De acuerdo con las estadísticas de 2004, el total de fieles ahora es 148.817.000, con 630 obispos y 31.259 sacerdotes, de los que 20.358 son diocesanos y 10.901 religiosos. Además, hay 7.791 hermanos laicos, 57.475 mujeres consagradas y 379.656 catequistas. Los misioneros africanos que trabajan en los programas de pastoral de otras Iglesias particulares en África o en otros continentes van extraordinariamente al alza. Las actividades educacionales y de ayuda caritativa de la Iglesia han sufrido en muchos países los efectos de diferentes situaciones de emergencia. Dando gracias a Dios por tan favorable situación en la Iglesia , la preparación de la Segunda Asamblea Especial debería ser una ocasión propicia para todo el Pueblo de Dios, bajo la guía de sus pastores, a entregarse a la oración y a una profunda reflexión que dará, a cambio, que surjan iniciativas en África para hacer un mayor progreso hacia la santidad, siguiendo el ejemplo santificador de sus muchos Pastores y Fieles africanos quienes últimamente, a través de su martirio, han reafirmado su fe cristiana y de este modo han contribuido en un camino ejemplar a hacer de África más y más la “Patria de Jesucristo”. El Evangelio que ellos proclaman es la verdadera sal de la tierra, la garantía de una evangelización enraizada capaz de resistir toda adversidad. La Buena Nueva , acompañada de un testimonio inequívoco de su servicio eclesial, llega a ser la luz del mundo que luce en la oscuridad que puede ser algunas veces espesa y densa sobre la mayor parte del continente africano.

En unión de corazón y pensamiento con el Santo Padre, los padres sinodales tendrán que confrontar la compleja y no siempre favorable situación actual en África, usando las herramientas de la luz (cf. Rom 13,12) y la Caridad Cristiana , que están cimentadas y animadas por la esperanza de los discípulos en la Resurrección del Señor Jesús. Como añadido a los obstáculos para la evangelización que pueden provenir de razones políticas, religiosas o sociales, hay algunos problemas graves que convocan a los Cristianos y todo el pueblo de buena voluntad: Situaciones de pobreza, injusticia, enfermedad, explotación, una carencia de diálogo, división, intolerancia, violencia, terrorismo y guerra. Fiel al mandato de Jesucristo, la Iglesia es incansable en proclamar la Buena Nueva de modo que ofrezca, a través de sus extensos servicios pastorales, el proyecto de reconciliación eclesial y social en Cristo, nuestra Paz, la Fuente de la Verdadera Justicia para todo el continente africano. La evangelización, el principal deber en el mandamiento del Divino Maestro (cf. M t 28,19), no puede ser separada del compromiso de cada miembro de la Iglesia para llegar a ser Samaritanos de muchos hermanos y hermanas que están buscando ayuda y compasión (cf. Lc 10,29-37), y para ayudar a muchos pueblos que están pobres y en necesidad de calor humano, de modo que den testimonio del amor de Dios (Mt 25,31-46). La Iglesia , a través de la proclamación del Evangelio, programas de educación a todos los niveles y sus muchas instituciones caritativas, es también con creces activa en la promoción del diálogo, paz y justicia en la renovación de la sociedad africana, que está contundentemente progresando hacia el desarrollo integral del pueblo africano, de modo que pueda tomar su debido lugar en la comunidad internacional.

De acuerdo con la práctica acostumbrada los lineamenta, publicados en cuatro lenguas –Francés, Inglés, Portugués e Italiano- están pensados para fomentar discusión extensa en el tema sinodal. El Cuestionario al final del documento puede servir como auxiliar. Cada conferencia de los obispos debe proveer la traducción en lenguas locales para animar a mayor participación comunitaria en la preparación del Sínodo. Las respuestas desde los órganos interesados de la Iglesia serán enviadas a final de Octubre de 2008 para la preparación del Instrumentum Laboris, el documento de trabajo para la Segunda Asamblea Especial para África del Sínodo de los Obispos. Confiamos el largo y esperanzador fruto del proceso sinodal a la maternal protección de la Bendita Virgen María, nuestra Señora de África.

Nikola Eterovic
Arzobispo Titular de Sisak
Secretario General

 

INTRODUCCCIÓN

 

1. Once años después de la publicación de la Exhortación Apostólica Post-Sinodal Ecclesia in Africa [1] la Iglesia en África da gracias a Dios por los muchos beneficios recibidos en la década pasada. En la conmemoración de este acontecimiento, siente una urgente necesidad de volver a comprometerse sin reservas al trabajo de la reconciliación, la justicia y la paz en todas las partes del continente. En el recuerdo de la acogida calurosa dada a la publicación de Ecclesia in Africa , surgen las siguientes preguntas: ¿Cuál es el significado de este aniversario y qué forma se debería tomar para mantener el potencial del documento y revivificar las comunidades en el continente para la próxima Segunda Asamblea? Esta asamblea, se podría decir, tiene dos propósitos:

- primeramente, para mantener vivo el acontecimiento del sínodo, Ecclesia in África se nos dio como una herencia. Por tanto, cada persona es invitada a hacer un inventario y un examen de conciencia; en otras palabras, a preguntarse estas tres cuestiones básicas:

•  ¿Qué ha conseguido Ecclesia in Africa ?
•  ¿Qué ha hecho la Iglesia en África con Ecclesia in Africa ?
•  ¿Qué queda por hacerse, teniendo en cuenta sus directrices en respuesta a las situaciones que se desarrollan en el continente Africano?

- el segundo objetivo es más práctico, a saber, comenzar un proceso sinodal que busque caminos para vencer la situación de crisis en África; asistir a la Iglesia en su misión evangelizadora ya que ella se enfrenta a los desafíos creados por situaciones deshumanizantes y opresivas que afligen los pueblos Africanos; y despertar un interés renovado en los objetivos de la Exhortación Apostólica que han sido propuestos y repropuestos a los cristianos y a todos pueblos de buena voluntad.

2. En Ecclesia in Africa , Juan Pablo II utilizó el final del Segundo Milenio para llamar a una valoración, a una evaluación en la que recapituló la historia de la actividad misionera de la Iglesia en África; desde la conversión del ministro de la reina Candaces, hasta el advenimiento de la formación de las auténticas iglesias locales de África, plenamente enraizadas en el catolicismo y totalmente conscientes de su responsabilidad hacia la única misión de Cristo confiada a la Iglesia-Familia de Dios. Hablando históricamente, el Papa contempló los momentos oscuros de la esclavitud y de la colonización y las realidades políticas, económicas y sociales que revelaban una alarmante situación todavía esperanzadora. Al mismo tiempo, procuró indicar cómo ocurrieron estas situaciones y, de acuerdo con el espíritu del Evangelio de Cristo, apuntar las vías que remediaran estas situaciones: a saber, a través de una visión de la Iglesia como Familia de Dios en África y de la promoción de “una solidaridad pastoral orgánica” dentro de la totalidad del continente africano e islas cercanas, [2] buscando mientras tanto soluciones y resoluciones a los problemas y conflictos que afectan a África. Esto también significa elegir la familia africana como primer lugar de evangelización y el lugar desde el que se confronten los retos de la evangelización para el Tercer Milenio, a saber, la naturaleza irresistible de proclamar el Evangelio y de llamar al pueblo al Bautismo; la necesidad esencial de profundizar el sentido de la fe en los ya bautizados; el coraje para atestiguar la fe; la opción para el perdón y la reconciliación, incluso en las más difíciles situaciones, y el compromiso para promover la justicia y la paz.

La Exhortación Pastoral presentó una especie de plan pastoral de acción para la Iglesia-Familia de Dios en África, que le permitió ser fiel a su vocación y misión, y servir en “la carne” a la humanidad sufriente de Cristo en los pueblos de África. En este sentido, el documento interpretó las situaciones deshumanizantes y opresivas que afligen a los pueblos africanos como una crisis y un desafío, y propuso que estas situaciones se deben confrontar desde el punto de vista de la Iglesia como Familia de Dios.

3. La respuesta de la Iglesia en África para “ Ecclesia in Africa ” y los progresos recientes en el continente han dado un carácter urgente a la Segunda Asamblea Especial para África del Sínodo de los Obispos. De este modo, algunas cuestiones tratadas por la Primera Asamblea se pueden examinar con mayor detalle: expresamente, cuestiones que hacen relación a la reconciliación, a la justicia y a la paz: Con esto en su mente, el Papa Juan Pablo II, con sus ojos fijos en Cristo y queriendo leer los signos de los nuevos tiempos y la esperanza nuevamente despierta en África, decidió convocar la Segunda Asamblea Especial para África del Sínodo de los Obispos.

El 13 de Noviembre de 2004, el 1650 aniversario del nacimiento de San Agustín, en una audiencia concedida a los participantes del Simposio de Obispos de África y de Europa, que se reunió para tratar el tema, “Comunión y Solidaridad entre África y Europa”, Juan Pablo II declaró: “Acogiendo las aspiraciones del Consejo Post-Sinodal, expresión de las aspiraciones de los pastores africanos, tomo la ocasión para anunciar mi intención de convocar una Segunda Asamblea Especial para África del Sínodo de los Obispos. Encomiendo este proyecto a vuestras oraciones, invitándoos ardientemente a todos a implorar al Señor por el precioso don de comunión y de paz para la querida tierra de África”. [3] Desde el principio de este pontificado, su Santidad, el Papa Benedicto XVI confirmó esta decisión y especificó el tema del Sínodo. “ La Iglesia en África al Servicio de la Reconciliación , de la Justicia y de la Paz “ vosotros sois la sal de la tierra…Vosotros sois la luz de mundo” ( Mt 5, 13,14)

Los padres que se encuentren en el Sínodo, por lo tanto, tendrán que hacer una reflexión seria en la proclamación del evangelio ya que los acontecimientos piden una activa respuesta, fieles a lo que el Espíritu Santo está diciendo a la Iglesia-Familia de Dios en África en estas horas decisivas de su historia. Se necesita desde ahora acentuar la continuidad con la primera Asamblea Especial de tal modo que todos puedan esforzarse por apreciar la importancia espiritual y pastoral de estos dos eventos.

4. La dos asambleas tienen en común la necesidad urgente de una evangelización continua y profunda, en este momento histórico. Además, al proclamar la llegada del Reino de Dios en Jesucristo, aparece que un compromiso hacia la reconciliación, la justicia y la paz está donde este Reino de Amor se debe realizar: “… el Reino de Dios… significa la honradez y la paz y la alegría traída por el Espíritu Santo” ( Rm. 14, 17 ss). [4] En las actuales circunstancias históricas, sociales, políticas, culturales y religiosas de África, la Iglesia-Familia de Dios saca su energía de Cristo, la Palabra eterna de Dios, de modo que pueda vencer el cansancio y los pensamientos de rendición y mantenerse libre de toda forma de opresión. De hecho, Cristo la invita a llevar el yugo de este amor y encontrar refresco en él para la nueva vida, y para recibir el entusiasmo y la luz que disipe las muchas nubes oscuras que oscurecen los pueblos de África en estos tiempos.

Para que esta luz, que viene de la Palabra , brille totalmente sobre toda África, la Iglesia ofrece el sabor por el Pan de Vida [5] por el que Cristo trae la transformación de África en los corazones humanos. Cuanto más toma el amor de Cristo su raíz en los corazones de los pueblos de África, como en las culturas e instituciones africanas, tanto más el continente y sus pueblos – para no mencionar el mundo entero- disfrutarán de los frutos de la reconciliación, de la justicia y de la paz. Considerando la naturaleza compleja del tema, los capítulos de los lineamenta tratarán lo siguiente:

I. África en los albores del siglo 21

II. Cristo, Palabra de Vida y Pan de Vida, nuestro Redentor, nuestra Justicia y nuestra Paz

III. La Iglesia , Sacramento de Reconciliación, Justicia y Paz en África

IV. El testimonio de una Iglesia que refleja la Luz de Cristo sobre el mundo

V. Recursos Espirituales para la promoción de la Reconciliación , la Justicia y la Paz en África

CAPÍTULO I

AFRICA EN LOS ALBORES DEL SIGLO XXI

5. La Primera Asamblea del Sínodo de los Obispos para África manifestó claramente en la tumba de San Pedro la fortaleza y la fe viviente de la Iglesia en África. Los padres del Sínodo describieron rectamente la experiencia como “el Sínodo de la Resurrección y de la Esperanza ”. [6] Más de diez años después de la publicación de la Exhortación Apostólica Post-Sinodal, las palabras de San Pablo suenan verdaderas “… esta esperanza no defrauda, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo” ( Rm 5, 5). Más allá de los sufrimientos del momento presente, aquellos que tienen ojos para ver y oídos para oír pueden sin duda discernir el trabajo de la Divina Providencia en África.

I. África después de la publicación de Ecclesia in Africa

1. Algunos desarrollos positivos

6. En medio de la confusión de los acontecimientos tristes que afligen África, todos pueden estar de acuerdo con las palabras de su Santidad, el Papa Benedicto XVI, a saber, que África “es la gran esperanza de la Iglesia ” [7] . De hecho, los signos esperanzadores del renacimiento de un cristianismo fructuoso y dinámico y el advenimiento de sociedades nuevas son cada vez más evidentes, a saber, el aumento notable en África del número de católicos , sacerdotes y personas consagradas; [8] el número creciente de misioneros africanos y fuera del continente y la creación de una plataforma de consulta continental para ellos; la vitalidad de las liturgias africanas y de comunidades eclesiales vivientes; la creación y restauración de las diócesis y de los territorios eclesiales; el papel creciente de la Iglesia en la promoción del desarrollo del continente, especialmente en la educación, salud, la lucha en la aparición de estados constituidos legalmente en todas partes del continente africano; y, finalmente, a pesar de su debilidad, la gran credibilidad que la Iglesia continúa disfrutando entre los pueblos africanos.

En muchos países de África, solo la Iglesia funciona bien, permitiendo a la gente vivir y esperar en un futuro mejor. Además, ella proporciona la ayuda necesaria, es un garante de vida en armonía y contribuye a encontrar caminos para reconstruir el Estado. Sin embargo es también el lugar privilegiado donde el tema de la reconciliación y el perdón se pueden de nuevo empezar a tratar. Esta situación es una razón para alegrarse en el Señor (cf. Rm 5, 3-4) por las maravillas que él ha logrado en África en estos pasados siete años.

7. Desde el punto de vista social, también se pueden tener en cuenta los nuevos desarrollos siguientes: la llegada de la paz en algunos países africanos; el ardiente deseo de paz por todo el continente, especialmente en la región de los Grandes Lagos; la oposición creciente a la corrupción; una profunda conciencia de la necesidad de promover a las mujeres africanas y la dignidad de cada persona humana; la participación del laicado en la “vida civil” para la promoción y la defensa de los “derechos humanos”; y el número siempre creciente de los políticos africanos que son conscientes y están decididos a encontrar soluciones africanas para problemas africanos. La Iglesia anima los esfuerzos hechos en traer la unidad para la totalidad de África, desde el Norte al Sur y de Este al Oeste. Con esta mirada se espera que la Unión Africana llegue a ser más eficaz y eficiente en la solución de los conflictos entre las naciones africanas y los grupos étnicos.

Los nuevos acontecimientos que han tenido lugar durante estos siete años anteriores ofrecen nuevas oportunidades para la misión de la Iglesia en África. Es necesario actuar de tal manera que las grandes fuerzas espirituales del continente puedan tener efecto en cualquier lugar y que se creen condiciones para el renacimiento de África en los niveles religioso, social, económico y político.

2. Algunos acontecimientos negativos

8. Además de estas perspectivas tranquilizadoras, sin embargo se ha de decir algo también, sobre las muchas situaciones inquietantes censuradas en la Exhortación Apostólica. Durante años, éstas solo han empeorado, presagiando un futuro incierto: “el amplio deterioro en el nivel de vida, medios insuficientes para la educación de los jóvenes, la carencia de salud elemental y servicios sociales con el resultado persistente de enfermedades endémicas, la extensión del terrible látigo del SIDA, la pesada y a veces insoportable carga de la deuda internacional, el horror de guerras fraticidas fomentadas por el tráfico sin escrúpulos de armas, y el espectáculo vergonzoso y lastimoso de los refugiados y personas desplazadas”. [9] ¿Cómo no se condenan severamente las terribles matanzas que han ocurrido en algunos lugares de África?

Los números e indicadores son un recuerdo constante de dificultades, por ejemplo, el índice de mortalidad infantil sigue creciendo. Después de más de diez años, el deterioro constante de réditos persiste en alguno de los países más pobres de África. El acceso al agua potable es todavía muy difícil para muchos. Hablando en general, la gran mayoría de los pueblos africanos vive en una situación de necesidad de bienes y servicios básicos. La situación de hoy día en África no puede dejar de tocar las conciencias. En estos tiempos, África más que nunca es dependiente de los países ricos, y es más vulnerable que cualquier otro continente a las maniobras de esos países que procuran dar con una mano y tomar de nuevo doble con la otra, y que tienden a condicionar fuertemente el desarrollo de la vida política, económica, social e incluso cultural en los países africanos. En la construcción del mundo, África es deliberadamente excluida, siendo solo recordada cuando sus miserias necesitan ser mostradas o explotadas. Por tanto, ¿Qué es lo que se debe hacer para dar una luz de esperanza a la barrera que amenaza el horizonte socio-económico de África?

3. El objeto de estos Lineamenta

9. A la luz de las diversas situaciones, es difícil decir sólo una palabra, como es difícil prever una única solución que pueda aplicarse universalmente. Esto ni es la finalidad de los lineamenta ni su propósito. En vez de tratar todo, hace un elenco de prioridades que resultan de un análisis de las actividades en el área de la reconciliación, de la justicia y de la paz. El documento busca plantear preguntas y animar a una búsqueda compartida para soluciones desde el punto de vista del proceso sinodal, empezando por la Primera Asamblea Especial.

II. Algunas prioridades

10. Una profunda reflexión en el tema de la Segunda Asamblea Especial para África del Sínodo de Obispos – “ La Iglesia en África al servicio de la Reconciliación , de la Justicia y de la Paz “Vosotros sois la Sal de la tierra…Vosotros sois la Luz del mundo” ( Mt 5, 13-14) - no puede dejar de tratar las causas de tanto odio, injusticia y guerra en el continente. De hecho la urgencia de esta Segunda Asamblea está unida al sufrimiento de los pueblos africanos, y a la situación deshumanizante y opresiva que persiste en el Continente. África está afrontando todo un conjunto de conflictos y problemas que son centrales para los retos de la evangelización en África hoy día.

En la Exhortación Apostólica Post-Sinodal, el Papa Juan Pablo II juzgó que el mayor desafío para conseguir la justicia y la paz en África consistía en una buena administración de los asuntos públicos en las dos interrelacionadas áreas de la política y de la economía. [10] El sufrimiento de los pueblos africanos está ligado, en gran medida, a la administración de esas dos áreas así como a la cultura. Este es un reto de importancia para la evangelización en una África donde la vida y la humanidad mismas son definidas como “relacionadas” y “unidas” en una perspectiva fundamentalmente de comunidad. Las siguientes líneas son una invitación a las iglesias locales de África a meditar sobre estas tres dimensiones –socio-política, socio-económica y socio-cultural, y a hacer sugerencias sobre cómo remediar las situaciones para la reconciliación, la justicia y la paz.

1. El Aspecto Socio-Político

11. Uno de los desafíos de gran importancia en África es la ausencia de éxito de la mayoría de los estados post-coloniales en el continente. Sería demasiado simplista atribuir la causa de este fracaso en la vida política africana a la composición multi-étnica de los Estados o a las fronteras artificiales de la época colonial. Más allá de las diferencias y rivalidades étnicas, los africanos tienen un sentido de nacionalismo, de lo contrario, su sentido de pertenencia a un país con una historia no se podría explicar. La cuestión se debe plantear: ¿Cómo puede el pluralismo transformarse en un factor positivo, constructivo y no uno que lleva a la división y destrucción? ¿De la misma manera, mirando hacia las fronteras artificiales, no crearán las nuevas fronteras “naturales” más problemas? ¿Dónde se establecerían tales fronteras “naturales”, no arbitrarias, o mejor todavía, no ideológicas? ¿Quién sería el árbitro imparcial aceptable para todos? ¿No es necesario seguir la sabiduría de los padres fundadores de la organización de la unidad africana que eligieron en 1963 no poner en cuestión las fronteras existentes? El reto se encontrará probablemente de parte del buen gobernante y de la formación de una clase política capaz de tomar lo mejor desde las tradiciones ancestrales en África e integrarlas con los principios para el gobierno de las sociedades modernas. Después de haber dicho esto, no desestimamos el hecho que el pluralismo étnico es muchas veces la causa de tensiones dentro de los Estados africanos, que aquellos que gobiernan en muchos países en el continente perdieron su legitimidad a los ojos del pueblo que pone en cuestión la utilidad del Estado o que esos que se supone que están sirviendo fielmente al Estado están actualmente destruyéndolo.

12. En algunos países africanos, las tensiones sociales persistentes impiden el progreso y dan lugar a perturbaciones políticas y conflictos armados. El tribalismo, las disputas fronterizas y las tentativas de expansión conducen hacia luchas armadas que pagan un alto peaje en la vida humana y agotan los recursos financieros. Algunos países africanos presencian la continua violación de los derechos humanos fundamentales así como las consecuencias relacionadas. La paz es a menudo confundida con una especie de unanimidad o tranquilidad impuesta por la fuerza y manteniendo el poder en las manos de un único grupo para detrimento del pueblo. En tales situaciones, los ciudadanos son incapaces de tomar parte en la vida pública y la opinión popular no puede cambiar nada. Como resultado, el pueblo tiende a retirarse y llega a desinteresarse. Hasta que se creen en África los estados legalmente constituidos, gobernados por africanos verdaderamente democráticos, existe el gran riesgo que dure la situación antes mencionada.

13. Los padres del Sínodo fervorosamente esperaron ver “el establecimiento del estado legalmente constituido en los países africanos para la protección de los derechos y deberes de los ciudadanos”. [11] Lamentablemente, esta esperanza no ha tenido eco en la mayoría de los líderes en los países africanos. Esta carencia del reconocimiento de las necesidades individuales y comunitarias así como las comunes, produce discordias, guerra y sus consecuencias. Los estragos de la guerra son claramente un obstáculo para cualquier proceso de desarrollo, siendo causa de la dramática situación de los refugiados, de un clima de sufrimientos procedentes de conflictos y de hambre, de desnudez y enfermedad, de tristeza y miedo, y de situaciones de humillación que destruyen la dignidad de la persona humana creada a la imagen y semejanza de Dios. De hecho, aquellos que tienen autoridad en la mayoría de los Estados africanos carecen gravemente de una conciencia de la persona humana y de los derechos más fundamentales e inalienables de cada individuo. Establecer una verdadera democracia, que garantice la seguridad a las personas y a la propiedad, es una condición esencial en el desarrollo de los países africanos.

2. El Aspecto Socio-Económico

14. Aunque es verdad que África ha vivido una historia larga y triste de explotación en las manos de otros, [12] se debe aclarar que esta situación no acabó con la descolonización. Perdura todavía hoy, pero con formas diferentes, incluyendo el peso aplastante de la deuda, injustas prácticas de comercio, el vertido de materiales tóxicos y las condiciones excesivamente severas impuestas por programas de ajuste estructural.

15. En la mayoría de los países africanos, a pesar del progreso recientemente alcanzado, el índice de alfabetización continúa siendo entre los más bajos del mundo. En muchos lugares, el sistema de educación es constantemente deteriorado, el sistema de salud está en el desorden, y la seguridad social está todavía inexistente. Con la ausencia de orden los débiles son siempre los que están más amenazados. De la misma manera, en el área de la demografía, uno no debe callar ante el desequilibrio entre una población que está evidenciando una tasa record de crecimiento anual, y los recursos que se mantienen no solo siendo inutilizados, sino totalmente agotados.

Los inmensos recursos de África están en contraste directo a la miseria de sus pobres. La situación llega a ser incluso más escandalosa si la consideración se da en la riqueza amontonada en manos de unos pocos privilegiados. Censurando esta situación inaceptable, la Exhortación Apostólica Post-Sinodal denunció a “los líderes deshonestos de gobiernos corruptos que, en connivencia con intereses privados domésticos o extranjeros, desvían los recursos nacionales para su propio beneficio y trasladan fondos públicos a cuentas privadas en bancos extranjeros” [13]. Dado este estado de cosas, se deben inventar vías y medios para animar a los políticos más honestos que están empeñados en proteger el patrimonio común desde todas las formas de despilfarro y malversación.

16. La industria depende en gran parte de la importación de productos industriales. El número de bienes y servicios producidos actualmente en África es limitado. Hasta cierto punto, África produce lo que no consume y consume lo que no produce. ¿Cómo puede África eliminar esta paradoja? ¡Además, ajustes estructurales y el paro extendido están tendiendo a reducir el volumen de estos bienes y servicios así como a bajar su calidad! Se ven graves injusticias económicas en esta área en el problema del trabajo migratorio, injustos salarios y contratos desequilibrados. La delincuencia juvenil, drogas, corrupción y el desempleo han alcanzado dimensiones inaceptables en algunos países, con estas injusticias económicas como su causa-raíz.

El progresivo deterioro de la economía y la situación social acentúa mucho más la crisis en África. Las técnicas agrícolas de producción son generalmente rudimentarias y la producción agrícola es todavía en gran medida dependiente de la naturaleza – el sol y el clima. Estos factores, agravados por las dificultades políticas internas, podrían explicar por qué la producción de alimento del continente apenas cubre una décima parte de sus necesidades. El fracaso de las políticas agrícolas se manifiesta no solo en la carencia de un suministro estable para los pueblos, sino también en el éxodo rural masivo, especialmente de la gente joven. Es importante llamar la atención de los jóvenes al hecho de que la urbanización no necesariamente contribuye al enriquecimiento personal. En consecuencia, se necesitan urgentemente nuevas propuestas para realzar la vida del pueblo y hacerla más atrayente para la gente joven.

17. Los problemas económicos también están relacionados con el comercio de armas, un escándalo que “siembra la semilla de muerte” en África. [14] Este es un signo evidente del fracaso de las políticas en África, que no están tanto al servicio de la construcción de la polis (ciudad) y a la búsqueda del bien común, como más bien a eliminar al adversario político y a la misma ciudad. [15] Los responsables de esta destrucción no son solo los partidos beligerantes sino también los fabricantes de armas, toda vez que ellos son poderes internacionales, que están interesados en tales conflictos como medios para enriquecerse o para foguear una situación inestable para fines geopolíticos que no tienen nada que ver con los mejores intereses del pueblo, o ideologías locales, que usan al pueblo, especialmente a los niños, como prendas en su sed de poder.

El comercio internacional de armas continúa manteniendo África en una situación perpetua de guerra. Indudablemente, se siembra la muerte en una gran extensión de África por intereses muy poderosos dominantes en el mundo, cuyos agentes principales no viven incluso en África. Esta situación conduce a los obispos en África a acuñar la frase “guerras por poderes” [16] como un medio de hacer más inteligible a los africanos que ellos mismos están destruyendo sus países y matándose uno a otro por intereses y ganancias de otros. El comercio de armas continúa extendiéndose como resultado de tensiones étnicas y desacuerdos crecientes. Lamentablemente, la historia humana atestigua que la guerra no es nada nuevo. La causa-raíz de este mal en África contemporánea es un reparto de golpes a diestro y siniestro, que se origina muchas veces en el deseo de destruir y aniquilar la vida. Tal conducta manifiesta una actitud subyacente, "un espíritu", a saber, la interrupción y hasta la negación de valores, particularmente el sagrado valor de la vida humana. La vida, el tesoro más precioso según la tradición africana es destruida con ligereza inquietante y facilidad – algunas veces a gran escala - y con completa impunidad, en muchos lugares. Este tema, ya tratado en el precedente Sínodo, no se puede pasar por alto, a saber, las divisiones y tensiones étnicas [17] que algunas veces conducen a crímenes desastrosos. Frecuentemente algunas personas no dudan en aprovecharse de las culturas africanas para justificar estos actos, haciéndose particularmente urgente reflexionar en las raíces de estas culturas desde una perspectiva global.

3. El Aspecto Socio-Cultural

18. Si la cultura económica en África debe cambiarse, ¿no significa esto que, en vez de depender solamente de un mercado mundial que excluye virtualmente al continente, sería necesario organizar primero una remuneración suficiente del trabajo de la tierra? La cultura es el fruto de un proceso de ser y de actuar que se desarrolla con paciencia. No es simplemente el espíritu de grupo al que una persona pertenece el que cuenta para sus más altos pensamientos o para los gestos más básicos de su existencia; es también el lugar donde ocurren los aspectos espirituales y creativos del ser humano.

19. Los economistas afirman que tres elementos hacen posible la producción: El trabajo, la tierra y el capital. África no carece del primero ni siquiera del tercero a priori , si se considera que el capital puede ser generado desde los recursos naturales claramente abundantes en África. ¿Cuál es entonces la raíz de la pobreza en África? ¿No puede ser el aspecto cultural detrás de estos tres factores una importante parte en esta materia? ¿No es en África el trabajo acometido con insuficiente entusiasmo para competir con otros que hacen del trabajo un verdadero culto? ¿No es la relación del pueblo africano con la tierra considerada como inferioridad? Si es verdad que el precio de lo que la tierra produce tiene una directa relación con el precio de la tierra, entonces, ¿no es también verdad que la tierra en los países africanos parece de poco valor, porque los precios de los productos agrícolas son desesperadamente bajos? África parece ser una de las regiones del mundo donde su gente sencilla es olvidada.

20. En esta era de la globalización, ¿cómo se pueden salvaguardar lo mejor de las culturas africanas, integrando, al mismo tiempo, lo mejor de lo que viene de fuera del continente? En cuanto a esto, su Santidad, el Papa Benedicto XVI, llamó no solo a los africanos sino también al mundo occidental a asumir su responsabilidad hacia África: “Europa exportó no sólo la fe en Cristo, sino también todos los vicios del Viejo Continente. Exportó el sentido de corrupción, exportó la violencia que actualmente está devastando África. Y debemos reconocer nuestra responsabilidad de modo que la exportación de la fe… es más fuerte que la exportación de los vicios de Europa… Nosotros los cristianos debemos hacer mucho más en estas consideraciones de modo que la fe se haga presente, y con la fe, la fuerza para resistir a estos vicios y reconstruir una África cristiana, destinada a ser una África feliz, un gran continente del nuevo humanismo”. [18] Mientras Occidente se debe interrogar sobre sus responsabilidades, los africanos mismos deben ocuparse de las suyas.

¿Conocen siempre los pueblos africanos cómo elegir lo que viene de fuera, o toman indiscriminadamente todo lo que ofrecen los medios masivos de comunicación, particularmente violencia, consumismo y corrupción moral? ¿Cuáles son las tradiciones básicas de África reconciliadas con proyectos de futuro? El asunto requiere no solo un arraigo profundo en el patrimonio cultural de África, sino también una habilidad exigente y aún creativa para integrar las nuevas contribuciones a la cultura, que hagan posible el desarrollo cultural. Si se dijera la verdad, la historia de las civilizaciones es simplemente un continuo préstamo de uno a otro a través de los años, preservando mientras tanto la propia individualidad y carácter original de uno. Esta capacidad para la integración y para la creatividad requiere un espíritu abierto y además exigente. La cuestión básica, entonces, es cómo permanecer conectado a la comunidad, fomentando la autonomía necesaria para que una persona llegue a estar involucrada en los niveles políticos, económicos y sociales. Esta materia es de gran importancia en el desarrollo para la cultura africana.

21. Se necesita también la autonomía personal para promover una cultura de alfabetización. Por definición, la habilidad para escribir es un acto individual del mismo modo que para leer; garantizan la autonomía y relación de la persona con los otros. ¿Qué es lo que se puede hacer para fomentar una cultura de alfabetización y establecer las estructuras para su empleo, manteniendo al mismo tiempo una tradición oral? Se debe decir que el tribalismo continúa en los países africanos debido al analfabetismo y la negación de la participación del individuo. Cuando una persona está en peligro, se le tienta a responder exclusivamente con la solidaridad tribal. ¿Cómo puede un sentido fuerte de familia tener una parte en el propio ascenso personal? ¿Cómo pueden la capacidad de escribir y la tradición oral reconciliarse en el desarrollo de las culturas africanas? Ningún plan social es posible sin una sólida base cultural.

22. Hoy día, algunos países dan todavía testimonio de discriminación sexual contra las mujeres, a las que se les priva de los derechos debidos a cada ser humano. Algunas sociedades tratan a las mujeres como esclavas. Esto es una afrenta no sólo a su dignidad sino también a las mejores propuestas de la tradición africana, que ve a la mujer como el símbolo preeminente de la vida, un precioso don. Cada forma de violencia contra la mujer necesita ser condenada. Consecuentemente, se debería censurar el desprecio, en algunos lugares, a muchachas que son marginadas desde temprana edad y consideradas de poco valor. [19] En otros lugares, las muchachas son mutiladas o simplemente reducidas a la esclavitud, ofendiendo así seriamente su dignidad y la de toda la familia de Dios.

Las personas ancianas, los huérfanos, los enfermos y las personas con movilidad reducida están sujetas a graves injusticias por el abandono cada vez mayor de sus familias y comunidades. Esto viola la base misma de la tradición africana donde el valor de la persona está en ser en relación a los otros y no depende de lo que tiene o puede hacer. Tal injusticia es una traición del patrimonio común de África. En todas estas situaciones, los medios de comunicación social ejercitan un papel muy particular y extremadamente importante. Una petición cada vez más urgente se debería hacer a los medios en orden a respetar lo mejor que las tradiciones más ancestrales en África tienen que ofrecer. Los medios de comunicación social deben estar al servicio de la vida y de la construcción de la persona, de acuerdo con la más alta de las aspiraciones y lo mejor de los valores culturales.

23. En África, mucha gente está dejando su país de origen viéndolo como la única solución de salir de una situación desesperada. En consecuencia, el número de refugiados e inmigrantes se puede contar por millones en el continente y fuera. El fenómeno de los refugiados, los inmigrantes y el éxodo rural van mano a mano con una tendencia a desestimar la cultura y los valores ancestrales. Por tanto, la llamada a la gente joven hecha por el Papa Juan Pablo II necesita que se recuerde: “Queridos jóvenes, el Sínodo os pide tomar en vuestras manos el desarrollo de vuestros países, amar la cultura de vuestro pueblo, y trabajar por su renovación con fidelidad a vuestro patrimonio cultural, agudizando vuestra maestría técnica y ancestral, y por encima de todo a través del testimonio de vuestra fe cristiana”. [20] No puede haber desarrollo económico y técnico sin raíces culturales. El tratado de la reconciliación, de la justicia y la paz debe considerar los factores de la cultura y de la religión.

III. Las Religiones al Servicio de la Reconciliación , de la Paz y de la Justicia en África.

24 Al considerar estos temas, se debe poner la atención en las oportunidades ofrecidas por el diálogo con algunas comunidades musulmanas y con los miembros de la religión tradicional africana (ATR). Estas religiones están abiertas a colaborar en el trabajo de la reconciliación, la justicia y la paz. Indudablemente no puede haber paz sin colaboración entre las diferentes religiones.

1. La Religión Tradicional Africana

Muchas veces, la religión tradicional africana es para los cristianos y musulmanes africanos el contexto socio-cultural del entendimiento entre uno y otro. De hecho, “la religión tradicional africana es el soporte religioso y cultural desde el que llega la mayoría de los cristianos en África y en la que ellos continúan viviendo”, [21] Como religión que abraza la totalidad de la vida, es muchas veces la fuente básica de inspiración en el entendimiento y la traducción de los conceptos de reconciliación, paz y justicia. Como tal, puede servir como apertura inicial para cristianos y musulmanes en su búsqueda de entendimiento y colaboración.

26. Frecuentemente, las tradiciones religiosas y culturales africanas entienden la reconciliación como paz y retorno a un estado de armonía, manifestada en una situación interior y exterior de ser de la persona y desprovista de un carácter duro y áspero. Es también bondad beneficiosa y activa que muestra cuidado e interés por el bienestar de todos.

De la misma manera, las sociedades tradicionales africanas indudablemente han tratado una cierta forma de justicia social, que muchas veces es considerada una actitud cooperativa en la posesión, protección y distribución de los bienes necesarios para la supervivencia. Los bienes son tales bienes en la medida que sean útiles al desarrollo de la vida de la comunidad. Sin embargo, algunas prácticas, tales como rituales contra los hechizos, pueden evidentemente producir efectos contrarios hoy día y acentúan el odio y la división en la sociedad. Consecuentemente, se necesita una profunda reflexión para hacer una distinción entre todo lo que en la Religión Tradicional Africana puede prometer paz, justicia y reconciliación, y lo que se encuentra contra estos valores. En cuanto a esto una reflexión en común, tanto como en el diálogo con el Islam, debería ser la base de toda actividad pastoral.

2. El Islam

27. El Islam también figura en el tema del próximo Sínodo dentro de las siguientes materias: Reconciliación, justicia y paz. El Islam se debería entender en su situación presente que muestra ciertos aspectos de preocupación, tal como, la intolerancia religiosa. Además, su estructura política es tan diversa que es difícil establecer una manera uniforme, concreta de diálogo, a pesar del hecho que el diálogo es esencial. Consecuentemente, para fomentar el diálogo de vida, se debe hacer una distinción entre los aspectos políticos y religiosos del Islam, y, a su vez, entre el Islam y sus seguidores.

Desde este punto de vista, el Islam es muchas veces un compañero importante y todavía difícil. [22] El Islam es importante porque, juntos con los musulmanes, los cristianos pueden preparar planes para una colaboración fructuosa y pacífica en todas las áreas relacionadas con la reconciliación, la justicia y la paz, la promoción del buen gobierno en la sociedad y la búsqueda de puntos en común sobre los valores que miran al carácter general de un pueblo. La dedicación desinteresada de personas consagradas en sus vidas es con frecuencia altamente valorada en los ambientes musulmanes. En muchos países, los cristianos y los musulmanes han creado asociaciones para el diálogo y la promoción de la paz y la justicia. En algunos lugares, los cristianos y musulmanes tienen incluso días comunes de ayuno y rezo.

Experiencias positivas en las relaciones con los musulmanes en algunas regiones de África dan lugar a la esperanza y a la oración para que estas formas de colaboración aumenten y lleguen a ser incluso más efectivas. Sin embargo, un entendimiento de esta clase requiere estructuras eficientes y competentes de colaboración. Algunos grupos de musulmanes son a menudo conocidos como compañeros difíciles, que dificultan la práctica común de estos valores.

28. En cuanto a esto, la esperanza expresada por el Papa Juan Pablo II es todavía muy oportuna: “Sinceramente espero que si hoy día la fe musulmana encuentra rectamente en los países con tradición cristiana los medios esenciales para satisfacer las exigencias de su religión, los cristianos pueden también beneficiarse de un trato comparable en todos los países con tradición islámica. La libertad religiosa no puede limitarse a la mera tolerancia. Es una realidad civil y religiosa dotada con derechos precisos que permiten a los creyentes y a sus comunidades dar testimonio sin miedo a su fe en Dios y vivir todas sus exigencias”. [23] El respeto al principio de reciprocidad es una necesaria condición para cualquier progreso en la reconciliación, la justicia y la paz.

3. Colaboración con los Otros Cristianos

29. En el compromiso hacia la reconciliación, la justicia y la paz, los cristianos no pueden ignorar la oración del Señor y Maestro de Vida: “Que todos sean uno… para que el mundo crea que tú me has enviado” ( Jn 17, 21). La participación básica de la cultura africana, enriquecida por la Palabra de Vida, es una gran ventaja para buscar juntos caminos y medios de hacer el testimonio evangélico cristiano más y más creíble. Cada cristiano es llamado a promover cualquier iniciativa que favorezca la unidad.

Los esfuerzos en encontrar reglas comunes para traducir la Biblia a lenguas vernáculas y la lucha común para traer la paz, la democracia y el respeto de los derechos humanos, así como, el compromiso común en los diversos procesos de reconciliación han contribuido grandemente a quitar prejuicios de uno hacia otro. Se ha de decir, sin embargo, que la motivación meramente humana no será suficiente para vencer divisiones y restaurar la unidad cristiana. Una renovación espiritual es necesaria en orden a entender la verdadera unidad de la Iglesia. Esto es por lo que los momentos de oración común, como la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos, toman gran importancia. Como miembros de la Iglesia Católica tenemos que convencernos que en ella la Iglesia se realiza en su estructura fundamental. Continuamos pidiendo al Señor que promueva la fe en cualquier lugar en orden a constituir solamente una única Iglesia en Cristo.

La Segunda Asamblea Especial para África del Sínodo de los Obispos será una ocasión providencial para presentar un cuadro general de la situación africana, y las estrategias y objetivos que se adopten por la Iglesia en el continente para continuar promoviendo con eficacia el Reino de Dios, que es reconciliación, Justicia, paz y amor. Con esto en la mente, el entorno religioso y cultural africano puede ser un aliado en el diálogo con otras religiones y otros cristianos para un esfuerzo profundo de evangelización y promoción humana. Estos solo se pueden alcanzar estando profundamente unidos a Aquel que es la base para la esperanza en el renacimiento de África. Esto es por lo que una cuestión fundamental resuena en la conclusión de este capítulo: ¿Cómo puede África encontrar la fortaleza y las energías necesarias para este renacimiento?

IV. La perspectiva, ¿quo vadis África?

30. ¿Quién apoyará los cambios drásticos en la conducta que debe llegar para cambiar el destino de África, de modo que esta reconciliación, venga en medio de tanto odio y divisiones, y la paz y la justicia reinen finalmente en África? ¿Cuál es el esfuerzo de imaginación en la planificación del camino hacia el futuro? ¿Cómo se debería proclamar el evangelio en África marcada por el odio, las guerras y las injusticias? ¿Cómo podemos abordar los aspectos negativos de la globalización? Brevemente, ¿cómo puede la Iglesia permanecer fiel al mandamiento del Señor y contribuir a la promoción de la reconciliación, la paz y la justicia? Ante estos retos, la Iglesia-Familia de Dios en África no tiene otra respuesta que la de Simón Pedro: “¿Señor, a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna” ( Jn 6, 68) Estas cuestiones son una invitación para la Iglesia a comenzar de nuevo desde Cristo, Plenitud de Vida, nuestro Redentor, nuestra Paz y nuestra Justicia. Cristo es nuestra Esperanza (cf. 1Tm 1,1) “Porque él es nuestra paz, y ha hecho dos en uno y ha derribado el muro que los mantenía separados, destruyendo realmente la hostilidad en su propia persona” ( Ef 2, 14) Toda la Iglesia es invitada a considerar estas verdades de la fe, su significado y, sobre todo, sus consecuencias para su misión, esto es, la proclamación del Evangelio que es Jesucristo, la Fuente de la Plenitud de la Vida.

31. No es fácil responder a las cuestiones anteriores, sin embargo la Iglesia –Familia de Dios en África mantiene que solo la solución es una persona ¡Jesucristo! Es por lo que invita a sus miembros a continuar esperando en él, el único solo capaz de restaurar la dignidad de África y la verdadera libertad. Al entrar de nuevo sus pensamientos y hechos en Cristo, haciendo que él sea conocido y amado, y embarcándose en el seguimiento de cristo bajo la experiencia de un encuentro personal y comunitario con él, la Iglesia –Familia Dios en África permitirá que brille la luz de su vida trinitaria. En este sentido, la historia y las sociedades africanas serán transformadas en Cristo, por él, con él y en él. A través de este encuentro con el Dios viviente en Jesucristo, África encontrará la plenitud tan deseada de la vida. Con y por este encuentro con Cristo, la fe llega a ser firme como la de Moisés. “Fue por la fe… que él mantuvo su compromiso como un hombre que podía ver lo Invisible” ( Heb 11, 27). Una fe como ésta “supera todos los obstáculos en orden a ir y descansar en el corazón del Amor infinito que solo puede realizar trabajos de amor”. [24] La Segunda Asamblea Especial tiene el propósito de dar vida a esta clase de amor, fe y esperanza en Jesucristo en los pensamientos y hechos de los hijos e hijas de la Iglesia en África.

CAPÍTULO II

JESUCRISTO, PALABRA Y PAN DE VIDA,

NUESTRO RECONCILIADOR, NUESTRA JUSTICIA Y NUESTRA PAZ

32. “Venid a mí, todos lo que estáis cansados y agobiados, y yo os daré vuestro descanso” ( Mt 11, 28). La Iglesia-Familia de Dios en África encuentra confianza en estas palabras y una invitación una vez más a echar las redes en el mar, porque, desde el tiempo de la Primera Asamblea Especial para África del Sínodo de los Obispos, ha hecho una opción preferencial por los pobres. Así ella conoció la situación deshumanizante y opresiva de los pueblos africanos. Al hacerlo así, se encontró cara a cara con no solo una crisis, en el sentido etimológico de la palabra, como un “juicio”, sino también un desafío. Esta crisis es una crisis de conversión, de santidad y de integridad y el reto es desarrollar cada aspecto potencial del mensaje del Evangelio de la adopción divina para liberar a los pueblos africanos del pecado y de las “estructuras de pecado”, [25] brevemente, del yugo pesado que los sobrecarga. Ambos, la crisis y el desafío, nos conducen a volver nuestros ojos hacia Aquel que es nuestra Vida y nuestra liberación: Jesucristo.

I. Palabra de vida en abundancia

33. La carta a los Hebreos establece: “Muchas veces en el pasado y de diversas maneras habló Dios por medio de los profetas; pero en nuestro propio tiempo, los últimos días, él nos ha hablado por su Hijo, el Hijo que él ha designado para heredar todo y por el que hizo todo lo que existe” ( Heb 1, 1-2) [26] Este Hijo, por quien Dios habla a humanidad, es la Palabra hecha carne. Es la prueba por excelencia de la eficacia de la Palabra de Dios, como afirma el profeta: “La palabra que sale de mi boca no vuelve a mí vacía, sin hacer mi voluntad y realizar aquello para lo que fue enviada” ( Is 55, 11). Al tomar carne, esta Palabra llegó a ser el origen de lo que nosotros somos y hacemos; es el fundamento de toda vida. Por Ella, Dios nos engendra a la Nueva Vida en la condición con que nosotros la recibimos. Para aquellos que la han recibido, “les dio poder para llegar a ser Hijos de Dios" ( Jn 1, 12) Por tanto, sobre la base de la Palabra , se deben entender las tradiciones africanas y las ideas de la vida, la persona y la familia corregidas y adaptadas. Jesucristo, la Palabra de Vida, es la fuente y la plenitud de todas nuestras vidas.

34. La tradición africana mantiene que la palabra y la vida están estrechamente relacionadas. Efectivamente la palabra puede conducir a la muerte o dar vida. La Palabra de Dios al llegar al hombre, asume y eleva el significado sagrado de la palabra en la tradición africana para darle un carácter salvador y despojarla de la muerte, de manera que nadie perezca. Sin embargo, ante el hecho de que los pueblos africanos están expuestos a la manipulación de la palabra, monopolizada por la radio, televisión y discursos políticos, la palabra, a la que el Evangelio de Jesucristo le ha dado un carácter sagrado y de vida abundante, se puede decir que sea totalmente mortal. En línea con la mayoría de las tradiciones africanas y la de las islas adyacentes, la palabra debería interpretar correctamente al mundo. El elemento cultural y religioso debería capacitarnos mejor para entender que el significado de esta novedad empezó en el Único que es la Palabra por excelencia, y desde el que toda la vida comienza. Esto requiere que el cristiano esté familiarizado con la Palabra , de modo que Ella tenga un efecto concreto en la vida diaria. El conocimiento de esta Palabra, entonces, es importante para el cristiano; no un conocimiento puramente intelectual, académico o “de oídas solo”, sino un conocimiento que parte de un encuentro personal con Cristo que habla en la Sagrada Escritura. Nuestras comunidades cristianas necesitan urgentemente dejar, más y más, espacios de escucha profunda de la Palabra de Dios y de lectura piadosa de la Sagrada Escritura , como su Santidad, el Papa Benedicto XVI insiste: “La lectura de la Sagrada Escritura es plegaria, debe ser plegaria – debe surgir de la plegaria y conducir a la plegaria”. [27] A través de la lectura orante de la Iglesia en comunidad, los cristianos pueden encontrar a Cristo resucitado que les habla y restaura la esperanza en la plenitud de vida que da al mundo.

Cristo muerto y resucitado es la fuente y la plenitud de toda vida. Él es el principio de toda nueva vida. En él y por él, Dios da al mundo la Palabra de Vida, que reconcilió a todos los seres, “cuando el hizo la paz por su muerte en cruz” ( Col 1, 20; cf. Col 1, 18ss), y es su justificación. Él nos da esta justificación y paz al partir el pan, que hace su Palabra presente en nosotros, haciéndola Carne con nuestra carne, Cuerpo con nuestro cuerpo, de manera que unidos a él, reflejemos su luz y presencia en el mundo, y demos al mundo sabor divino.

II. Pan de Vida

35. En verdad, a través del Partir el Pan, “Cristo hace presente dentro del tiempo el misterio de su muerte y resurrección”. [28] Al participar de este Pan, se le recibe en persona como el “pan vivo venido del cielo” ( Jn 6, 51), y con él nosotros recibimos la promesa de vida eterna y el anticipo del banquete eterno de la “Jerusalén celeste”. [29] En este Banquete Pascual, Dios mismo viene para encontrarnos; él viene a buscarnos en nuestra situación ordinaria de cada día para unirnos al misterio del don de su amor, y así anticipar nuestra unión definitiva en los cielos. La Eucaristía nos dirige hacia el futuro, hacia la futura venida de Cristo. Dirige nuestra atención hacia la expectación del retorno del Señor. Esta expectación nos permite entrar en un dinamismo que estimula y respira esperanza dentro del progreso del tiempo.

El Único que es esperado, sin embargo, no está ausente de la historia, porque la Eucaristía le hace verdaderamente presente. En la realidad de su Cuerpo y de su Sangre, Cristo se hace a sí mismo entero sustancialmente presente en nuestras vidas, [30] realiza su promesa de estar todos los días de nuestras vidas hasta el fin del tiempo (cf. Mt 28,20), y nos envía de nuevo a nuestras realidades diarias de modo que podamos llenarlas con su presencia, como resultado de nuestro encuentro con Él. Esta cercanía, mutua relación con Él nos permite anticipar, de algún modo, los cielos en la tierra. La Eucaristía expresa claramente que la vida es una relación de comunión con Dios, con nuestros hermanos y hermanas y con toda la creación. La Eucaristía hace de nosotros, la Iglesia , el signo y el instrumento de su amor, que transforma el mundo.

36. En la presente situación de la vida socio-política y económica del continente africano, ¿Qué puede ser más dramático que el presenciar la lucha muchas veces sangrienta por la vida y la supervivencia? ¿Cómo puede la primera Asamblea Especial para África (1994) que acentuó la Iglesia-Familia de Dios, contribuir a la construcción de África que está sedienta de reconciliación y buscando justicia y paz? Las guerras étnicas, y regionales, las masacres y los genocidios que tienen libre poder sobre el continente deberían gritarnos de un modo especial. Si la pertenencia a Jesucristo nos hace miembros de una misma familia, partícipes de la misma Palabra de Vida y participantes del mismo Pan de Vida, y si el compartir la Sangre de Cristo nos hace partícipes en su misma vida, porque la misma Sangre de Cristo circula en nuestras venas y nos hace hijos de Dios, miembros de la Familia de Dios, entonces el odio, la injusticia y las guerras fratricidas deberían cesar. Así surge la necesidad de profundizar y encarnar el misterio de la Iglesia-Familia de Dios en la vida de cada día.

CAPÍTULO III

LA IGLESIA , SACRAMENTO DE RECONCILIACIÓN,

JUSTICA Y PAZ EN ÁFRICA


37. Después de haberla contemplado como Iglesia-Familia de Dios, la Iglesia en África intenta recordar a todos que son hermanos y hermanas (cf. Mt 23,8), y que todos ellos tienen el deber de buscar en todas las cosas lo que contribuye a la construcción de la fraternidad, de la paz (cf. Rm 14,19) y de la justicia. En el plan de Dios, la Iglesia no es un medio que pueda ser utilizado en absoluto por cualquier ideología. Al contrario, en el misterio de la comunicación del amor de Dios a la humanidad, es el signo e instrumento [31] de la comunión de la familia humana con Dios mismo, comunión entre los hombres y comunión con toda la creación. Lleva en su corazón la Palabra y el Pan de Vida, la Palabra y el Pan de Amor.

I. La Perspectiva Misionera de la Recepción de la Iglesia-Familia de Dios en África Contemporánea

38. El sentido de fraternidad que va más allá de los límites de la familia, tribu o grupo étnico es un verdadero valor profundamente enraizado en las sociedades africanas. Junto con la solidaridad, sirve como la base de una conducta que, en casos extremos, ha llevado a la muerte de muchas personas que rechazaron tomar parte en la violencia hecha por su grupo contra otros o que protegieron y defendieron a la gente que estaba para ser exterminada por miembros de su grupo.

39. Desde una tradición marcada por la sacralidad de la vida, la fraternidad y un sentido de la Palabra viene la caracterización de la Iglesia como Familia de Dios. Es el lugar de la fraternidad; recibe la plenitud de vida desde Cristo, nuestro Hermano Mayor, Primogénito entre los muertos; ella vive debido a la Palabra viviente del Padre Eterno. Como una Madre que nos engendra en el Bautismo a una nueva vida en Dios, debe ser lugar preeminente de vida, no de muerte. Jesucristo, por la Sangre que derramó de su costado en la cruz, nos hizo hermanos y hermanas unidos por el vínculo de su Sangre, que, desde la Eucaristía , corre por nuestras venas. La vida recibida en el Bautismo, a la que, cada uno de nosotros es llamado, a su vez, a hacer crecer por la participación en los sacramentos, especialmente la Eucaristía , debe ser preocupación de cada uno y ser vista por cada uno como sagrada. Por consiguiente, esta vida se debe respetar y proteger. Desde que la misma Sangre de Cristo circula en cada uno de nosotros, y desde que todos nosotros somos miembros de la Iglesia-Familia de Dios en el Cuerpo y la Sangre de Cristo, se establece la razón de que derramar la sangre de un hermano y hermana es derramar nuestra propia sangre, la Sangre de Cristo; esto es matar su vida en nosotros. Nadie tiene autoridad para dañar la vida. Solo Dios es el Dueño de la vida. Cada uno recibe la vida de él y debe devolverla a sus manos. La Eucaristía destaca este carácter sagrado de la vida de un modo particular y nuestra responsabilidad compartida hacia la vida.

40. La misión de la Iglesia que desea ser familia de Dios en África solo se puede entender como fluyendo de esta comunicación de vida y de unidad-fraternidad que viene desde la paz que se nos ha dado por la Sangre de Cristo derramada por nosotros. La proclamación de esta paz a los pueblos atormentados por conflictos y guerras, grita desde nuestros corazones de esta manera: “Todos sois hermanos y hermanas (cf. Mt 23, 8), que se paren las guerras!” Esto coincide con una de las declaraciones fundamentales del Concilio Vaticano II: “La actividad misionera está estrechamente unida incluso con la misma naturaleza humana y sus aspiraciones”. [32] Más adelante especifica que “el Evangelio ha sido verdaderamente levadura de fraternidad, unidad y paz” [33] Consecuentemente, nadie puede tener el placer de destruir o matar a su hermana o hermano, expoliando su familia o privándolo de lo que es necesario para la vida. Podemos decir, entonces, que si entramos dentro de este misterio de la Iglesia-Familia de Dios, y si África está afligida por la pobreza, corrupción, injusticia y violencia, la Iglesia debe ser una comunidad que cura, reconcilia, perdona y anima. En una palabra, debe ser una Iglesia evangelizadora preocupada en la promoción humana, como su Santidad, el Papa Benedicto XVI nos recuerda tan bien: “ La Iglesia es la familia de Dios en el mundo. En esta familia nadie debería continuar sin las cosas necesarias de la vida”. [34] La Segunda Asamblea Especial debería permitirnos aumentar la conciencia de íntima conexión entre la misión de la Iglesia y la promoción humana, si es que la doctrina social de la Iglesia debe ser aplicada a la vida de cada día.

II. La doctrina social de la Iglesia y su misión evangelizadora

41. Para la Iglesia-Familia de Dios en África, la conexión existente entre su misión evangelizadora y la promoción humana es un lazo inseparable entre su vocación y su misión, [35] una vez que la salvación en Jesucristo que ella proclama preocupa al hombre en su totalidad. Para la Iglesia , “evangelizar debe desarrollar al hombre en todas las dimensiones de su vocación como hijo de Dios”. [ 36] Esta obligación se concreta en acciones comprometidas a favor de la promoción humana, tal como: la educación, la salud, la ayuda a los necesitados, proyectos de desarrollo, defensa de los derechos humanos y el compromiso de instaurar la democracia y los Estados legalmente constituidos. Separar la promoción humana del amor que la sostiene, es negar la unidad intensa del compromiso humano donde se revela de hecho la profunda identidad cristiana.

I. Algunos Principios Fundamentales de la Doctrina Social de la Iglesia

a) Fundamento Teológico y Antropológico

42. A través de su doctrina social, la Iglesia cumple fielmente con su misión específica de ser reflejo del amor de Dios en el mundo para cada ser humano. Por la proclamación y la realización del Evangelio, “ella es testigo, en el nombre de Cristo, del hombre, de su dignidad y de su vocación a la comunión de las personas. Le enseña las exigencias de la justicia y de la paz en conformidad con la sabiduría divina”. [37] La Iglesia expresa a la persona, un ser en relación con los otros, su proximidad a través de su doctrina social. [38] Revela a cada persona que es un ser espiritual y corporal en relación con Dios, con sus hermanos y hermanas en la humanidad y con toda la creación. Por tanto, la humanidad en el correr de la historia, está en el corazón de la doctrina social de la Iglesia , [39] que se guía por el principio de la dignidad de la persona humana. [40]

43. La humanidad y todas las realidades terrenas están ya tratadas en las primeras páginas de la Sagrada Escritura. Desde el principio Dios creó al hombre a su imagen (cf. Gen 1, 27), le hizo administrador de la creación ( Gen 2, 15; Ps 8; Sab 9, 1-15; Sir 17, 1-4). Esta misión de administrador es acompañada por el deber de cultivar la tierra. El trabajo es el lugar donde el hombre ejercita su papel como administrador. Así San Pablo podía decir a los Tesalonicenses, “continuad haciendo aún un progreso mayor, y haced tranquilamente la vida, atendiendo a vuestros propios negocios y ganándoos la vida, como lo hemos recomendado” ( 1Tes 4, 11; cf. Ef 4, 28; 2E f 3, 10). El trabajo es mandado no solo como una necesidad y como un medio de proveer la propia subsistencia y la de los otros, sino también como aquello que da dignidad al hombre, y por tanto lo libera para ser el administrador de la creación y le permite disfrutar de sus frutos (cf. 2Tim 2, 6). Al mismo tiempo, los sagrados textos llaman la atención sobre el carácter temporal de las realidades terrenas (cf. 1Tim 6, 6-10; 1Cor 7, 29-31)). Esta perspectiva escatológica sirve como la base para todas las realidades terrenas y cómo se mide y se evalúa la relación del hombre con ellas.

b) Algunos Principios Fundamentales

44. En el centro de esta misión como administrador y del deber de trabajar y de disfrutar de los frutos de su trabajo, los sagrados textos acentúan la solidaridad de toda la creación como un principio fundamental que garantiza la unidad, la justicia y la paz. San Pablo recuerda que cada uno es llamado a poner sus bienes (cf. 1Tim 6, 17-19) a disposición de los otros. [41] No se trata de quitar a unos lo que les es debido, sino más bien de ver que el principio de equidad permanece en el centro de la creación (cf. 2Cor 8, 13-15), y que la abundancia de unos compense la necesidad de los otros. Disuadiendo un tipo de parasitismo, se debe crear una verdadera cultura del trabajo y de la solidaridad.

Este principio de solidaridad está estrechamente ligado al principio del destino universal de los bienes: “Dios quiso la tierra con todo que contiene para el uso de todos los seres humanos y pueblos. Así, bajo la dirección de la justicia y en compañía de la caridad, los bienes creados deberían estar en abundancia para todos de alguna manera. [42] Este principio es la base del derecho al disfrute de los bienes. Cada ser humano debería tener la oportunidad de disfrutar del bienestar necesario para su pleno desarrollo. El destino universal de los bienes requiere el esfuerzo de cada uno para asegurar que cada persona humana y todos los pueblos tengan las necesarias condiciones para su desarrollo integral. Por consiguiente, la Iglesia considera el derecho a la propiedad privada como subordinado al derecho del uso común y del principio del destino universal de los bienes. [43] Por esto queremos acentuar el hecho que el hombre debería considerar los bienes que él posee como no sólo de su propiedad, sino también participados en común, en el sentido que puedan también ser útiles para los otros. [44] Desde esta posición del principio del destino universal de los bienes, la iglesia destaca su opción preferencial por el pobre, [45] que recuerda a cada cristiano de sus responsabilidades sociales como testimonio hacia la primacía de la caridad de Cristo. Esto también se mantiene igual en el ámbito de los contenidos culturales.

45. La nueva tecnología y conocimiento científico se debería poner al servicio de las necesidades primarias del hombre. La Iglesia en África repite las palabras del papa Juan pablo II llamando a un final de “las barreras y monopolios que dejan a muchos países al margen del desarrollo, y a proveer a todos los individuos y naciones de las condiciones básicas que les permitan compartir en el desarrollo”. [46] Sin embargo, la Iglesia no niega el derecho a la propiedad privada, que asegura que las personas humanas tengan el espacio necesario para la autonomía personal y familiar y que se pueda considerar una extensión de la libertad humana. La posesión de la propiedad privada puede ayudar a estimular un sentido del deber y de la responsabilidad. [47] Sin embargo, no se debe considerar un bien absoluto, sino relativo hacia el bien común.

46. El bien común se puede entender como la dimensión social comunitaria del bien moral. Justamente porque una acción moral de la persona se realiza haciendo el bien, la acción social se alcanza plenamente en la realización del bien común. [48] La responsabilidad del bien común no descansa sólo en el Estado, sino también en los individuos.

De hecho, el Estado debe garantizar la cohesión, la unidad y la organización de la sociedad que representa de modo que todos los ciudadanos puedan contribuir al bien común. Así, debe coordinar los muchos intereses de los diversos segmentos de la sociedad y regular las discusiones con la justicia. El justo orden de la sociedad y del Estado es deber esencial de la política. [49] Para conseguir esto, es importante que los políticos respeten y hagan respetar los valores fundamentales de la vida social, como el buen gobierno, la verdad, la libertad y la justicia.

47. Para alcanzar esto, el orden pide la colaboración y la participación de todos los componentes de la sociedad. Esto es por lo que la Iglesia insiste en el respeto, y la aplicación del principio de subsidiaridad por el cual todas las sociedades de un orden mayor deberían tener una actitud de respaldo, apoyo, promoción y ayuda hacia las sociedades de un orden inferior. Por esto, la Iglesia intenta decir que, si el Estado quiere promover la dignidad de la persona humana, debe animar, apoyar, promover y desarrollar “las iniciativas que surgen desde fuerzas sociales diferentes y combinar la espontaneidad con la cercanía a aquellos que están necesitados”. [50] En la base de este principio, la Iglesia se opone a unas excesivas formas de centralización, burocracia, presencia del Estado y sus estructuras administrativas. Por el contrario, algunos países africanos atestiguan la ausencia total del Estado que garantice la seguridad de las personas y bienes y de alguien capaz de apoyar y promover las iniciativas de las bases.

Una de las implicaciones del principio de subsidiaridad es la participación. Se expresa esencialmente “en una serie de actividades por medio de las que el ciudadano, bien sea como individuo o en asociación con otros… contribuye a la vida cultural, económica, política y social de la comunidad civil a la que él pertenece”. [51] Ni el ciudadano se puede sustraer de este deber de participación haciendo propias las alegrías y los sufrimientos de los otros, ni puede el Pueblo de Dios, la Iglesia evitar este deber de participación.

2. Algunas Tentaciones a Superar

48. Desde esta posición la Iglesia no puede ignorar la visión del hecho que los fieles que constituyen hoy día la Iglesia están marcados por el espíritu de los tiempos. Participan de las alegrías y de los sufrimientos de las personas de hoy. [52] Para realizar su misión, esto es, para hacer el Reino de Dios presente en la historia, pide la solidaridad de la Iglesia con toda la creación. Sin embargo, esto requiere primeramente una permanente conversión. Siguiendo el ejemplo de Cristo, seremos fieles a esta misión haciendo realidad una constante conversión hacia el Padre, la Fuente de la Verdadera Vida. Él sólo es capaz de liberarnos del mal y de la tentación, y mantenernos en su Espíritu, en el corazón mismo de la lucha contra las fuerzas del mal.

49. En el Evangelio de San Lucas, no podemos olvidar que la primera tentación es transformar las piedras en pan (cf. Lc 4 1-5). Envueltos en la lucha contra el hambre, no debemos permitirnos ser desviados del sentido original: Cristo es el Verdadero Pan de Vida. Mientras ponemos la atención en la situación desesperada con una esperanza de futuro mejor donde la necesidad, el conflicto, el desacuerdo y la violencia sean desterradas, no debemos olvidar de oír lo que se proclama como la forma fundamental de la verdadera liberación: La llamada de Jesús a la conversión (cf. Mt 4,17). No caigamos en la tentación de una especie de mesianismo que mágicamente deja de lado la necesidad, como si la economía, su duro trabajo y la inventiva requerida serían solamente accidentes desafortunados de nuestra condición humana. Pueda la Segunda Asamblea Especial ser un momento intenso de reflexión para encontrar caminos y medios de restablecer nuestras economías, y crear una verdadera y sólida cultura del trabajo bien hecho.

50. La segunda tentación (cf. Lc 4, 5-9) se refiere a nuestra relación con el futuro de África: La política. La respuesta de Jesús a esta tentación revela una crítica de la política al presumir ser el mediador exclusivo de liberación, y así hacerse a sí misma el Absoluto, excluyendo cualquier dimensión religiosa. De hecho, el Estado no puede ignorar o tratar de liberarse de la religión. Una sociedad justa no se puede conseguir sin el componente del amor. Como el Papa Benedicto XVI nos recuerda, cualquiera que quiera eliminar el amor termina eliminando al hombre. [53 ] Los políticos africanos no están excluidos de esta tentación. De hecho, se nota una tendencia en muchos políticos a ignorar la religión o quieren liberarse de ella. Más que la atención a la verdad de Dios, lo que cuenta son sus ídolos. Estos ídolos solo tienen poder imaginario o la fascinación y no muestran ninguna preocupación por los seres humanos, ya que viven solo de un deseo anormal y caprichoso. Solo hay Uno que garantiza la vida; no es un ídolo en lo más mínimo, sino el verdadero Dios. Jesús impide a la política que sea considerada un “dios”, a la que condena como una gran tentación. Da a la política su verdadero objetivo: ser el vehículo privilegiado de una historia reconciliada. La reconciliación es antes de nada un don que viene a nosotros desde Dios, el Único, que opera en las profundidades íntimas de nuestros corazones.

La actitud del cristiano hacia la tentación de un político que quiere mantenerse a sí mismo como maestro de vida solo puede ser la de los Tres Reyes (cf. Mt 2,12, 16-18), que tuvieron preocupación por el Niño y su familia, y procuraron proteger su vida a toda costa. En el mismo sentido, los cristianos se oponen a los hechiceros modernos que siembran la miseria y la muerte en cualquier lugar en África con sus armas y políticas criminales. Por el bautismo y la celebración de la Eucaristía , los cristianos reciben la vida de Dios y prometen hacerla crecer no sólo en ellos sino también en los demás. Esta adopción de la vida de Cristo en nosotros debería llevarnos a resistir cualquier mensaje y autoridad contraria a la vida. La matanza de los inocentes en tiempos de Jesús, cuando los tres Reyes le protegieron decididamente, fue el resultado de la decisión sangrienta de Herodes. Y desde entonces ¿Cuántos mártires, hombres y mujeres, en la historia del cristianismo, han pagado con sus vidas por esta resistencia de fidelidad al Evangelio y a la Persona de Cristo?

51. La reciente historia de África también da testimonio de esto. No solo estamos pensando en mártires tales como los de Uganda, los beatos Annuarite Nengapeta e Isidoro Bakanja, sino también el testimonio de fe como el Beato Cipriano Miguel Iwenw Tansi, el siervo de Dios Julio Nyerere, y muchos cristianos que sufrieron prisión, tortura y privación de sus bienes por el amor del Evangelio. ¿Cómo podemos dejar de mencionar a todas las víctimas de la reciente historia de nuestros países, hombres y mujeres brutalmente despedazados por las balas de los dictadores africanos y extranjeros, cuyo crimen era solo gritar por la paz, por más justicia y dignidad humana en nombre de sus compañeros ciudadanos oprimidos?.

Muchas veces, los cristianos tienen un papel muy activo en la organización del destino político y económico de sus países. Algunas veces, sin embargo, son fuente de división, de guerras interétnicas, corrupción y otros males que preocupan al continente. Haciendo esto, traicionan no solo al Evangelio de Cristo, sino incluso más, avergüenzan su tradición ancestral que requeriría que cada uno provea por el crecimiento del individuo y de la comunidad entera. ¿Qué se puede hacer para alcanzar una conciencia viva que la naturaleza de la misión de la Iglesia exige a su unidad y fidelidad a la enseñanza del Maestro?

52. La tercera tentación (cf. Lc 4, 9-13) revela las causas de las ilusiones políticas y económicas: Utilizar el poder divino para fines que contradicen la voluntad y actividad de Dios, para construir una divinidad de acuerdo al deseo del hombre. Contrariamente a esto, la lógica del cristiano es preguntarse a sí mismo acerca del objetivo de la fe en este mundo: El Reino está presente y se debe ver y experimentar en el momento presente. Por esta razón la Exhortación Apostólica claramente proclama: “En la evangelización uno no puede ni debería ignorar la importancia de los problemas tan discutidos hoy día, que conciernen a la justicia, la liberación y el desarrollo y la paz en la mundo”. [54] ¿Cómo, entonces, vamos a entender la llegada del Reino como Reconciliación, Justicia y Paz?

La Segunda Asamblea Especial es una oportunidad para reflejar y encontrar, a la luz del Espíritu, los caminos y medios para un testimonio cristiano fiel, efectivo en el mundo de la política y la economía en África. El buen funcionamiento de estas dos áreas depende en buena medida de la habilidad de los africanos para ser reconciliados y restablecer la reconciliación, la justicia y la paz. Este trabajo es particularmente urgente, porque, en el presente, la situación que afecta a la reconciliación, justicia y paz en los países de África se puede describir como preocupación en unos, y desastrosa en otros.

CAPÍTULO IV

EL TESTIMONIO DE UNA IGLESIA QUE REFLEJA

LA LUZ DE CRISTO SOBRE EL MUNDO

53. La misión de la Iglesia es proclamar la buena nueva de la salvación, una salvación que libera al hombre, todo el hombre, en todas sus dimensiones: Espiritual, moral, cultural, económico y social. Esta es la misión de la Iglesia-Familia de Dios en África. Todos los miembros de la Iglesia están llamados a esta tarea, independientemente del lugar y las circunstancias de la vida.

I. La Iglesia en su Aspecto Jerárquico y Testimonio en el Mundo

1. El Papel del Obispo y de las Conferencias de los Obispos

54. Siendo el obispo el pastor principal de la Iglesia local, esta responsabilidad cae primeramente en él. Debe ser cuidadoso en la búsqueda de los métodos adecuados y adoptar ciertas actitudes al enseñar y al realizar este mensaje doctrinal y pastoral. Esto requiere que él enseñe la gran solidaridad hacia los otros y que ejercite sensibilidad extrema a los problemas que afectan a la vida del pueblo de Dios a él confiado. [55] Debe manifestar una determinación genuina en la búsqueda de soluciones a los problemas descubriendo sus verdaderas causas. Debe estar preparado siempre a adoptar una postura, cuando se violan los derechos fundamentales. Inspirado por la doctrina social de la Iglesia , debe buscar el respeto para los principios del buen gobierno por parte de éstos en la vida política. En consecuencia debe estar atento para formar cristianos que sean capaces de superar la dicotomía de la conciencia individual y la perteneciente a un grupo.

El obispo deber ser un reconciliador sin ninguna idea preconcebida. En los conflictos que desgarran África, la Iglesia debe ser un árbitro con imparcialidad sin duda alguna. La posición tomada por el obispo tiene que ser imparcial en lo que se refiere a los poderes e ideologías de las diversas asociaciones de un carácter político o tribal. Esta especie de imparcialidad debería permitirle estar en una posición favorable para denunciar los abusos de los poderes que sean, así como la manipulación del pueblo por algunos políticos, y defender enérgicamente al “pueblo bajo” que mira sin esperanza cómo sus derechos son pisoteados.

55. La acción del obispo debe ser eficaz en colegialidad y solidaridad con sus hermanos en el episcopado. La unidad dentro de la Conferencia Episcopal es de gran importancia, especialmente en la acción social y política. Esta unidad dará a la acción de la Iglesia más credibilidad y prometerá a su mensaje un futuro mejor. Esta clase de unidad no se limita a un país solo; debería también caracterizar las relaciones con las conferencias episcopales en los niveles regionales y continentales: Esto requiere que cada obispo tenga un sentido eclesial profundo y auténtico y una fidelidad firme al Evangelio en su búsqueda para la solución de problemas comunes.

56. Las conferencias de los obispos deberían restablecer y hacer verdaderamente operacionales las diversas Comisiones de Justicia y de Paz. Además, deberían apoyarlas y dotarlas con lo necesario para desempeñar su papel con eficacia. Estas Comisiones serían lugares de estudio para los problemas que afrontan las sociedades africanas y en consecuencia contribuir a encontrar soluciones convenientes para ellos. Por lo tanto, es necesario para los obispos y las conferencias episcopales tomar conciencia y enseñar al pueblo a discutir sobre los problemas de la sociedad con la asistencia de la Palabra de Dios, de la doctrina social de la Iglesia y de los mensajes papales, por ejemplo, el mensaje para el Día Mundial de la Paz. Esto requiere que los agentes de pastoral reciban una formación conveniente para esta tarea.

En este sentido, cada conferencia episcopal tendrá que ejercer un particular cuidado pastoral para responder a las necesidades de los diversos segmentos de la sociedad: las fuerzas armadas, los movimientos armados y la milicia, los políticos, los intelectuales y los oficiales públicos, los refugiados en el extranjero y las personas desplazadas dentro del mismo país. Dado el papel que cada segmento de la sociedad debe ejercer, en el presente o en el futuro, para traer la paz y la justicia en África, es absolutamente esencial que los pastores de la Iglesia les ofrezcan la mayor atención. Cada Conferencia Episcopal debería pensar en formar grupos de especialistas que preparen programas pastorales serios que respondan a las necesidades de cada uno de los segmentos de la sociedad. Será necesario para estos grupos de especialistas que tengan suficientes vías y medios para trabajar bien.

2. Comisiones Episcopales de Justicia y Paz

57. Cada conferencia episcopal, y, si es necesario, cada diócesis debería tener una Comisión Episcopal de Justicia y Paz. Sería el ojo vigilante de la Iglesia local dentro de la sociedad para todas las cuestiones candentes que le afectan, particularmente aquellas relacionadas con la justicia social, igualdad, derechos humanos, la promoción del bien común, la coexistencia democrática, la reconciliación y el desarrollo. Debería ser un órgano de estudio y de reflexión entre la pastoral general dada por la conferencia episcopal, y estar en relación con el Consejo Pontificio para la Justicia y la Paz. Como tal, esta comisión se debería ver como un órgano eclesial que piensa en y para la Iglesia. Debería ser una comisión para la promoción de la justicia y la paz de acuerdo con el espíritu del Evangelio y la enseñanza de la Iglesia en estos valores. Es un instrumento esencial en un programa pastoral para la reconciliación, la justicia y la paz.

3. Los sacerdotes, personas consagradas e instituciones de formación en la Iglesia

a) Los sacerdotes

58. La misión específica de los sacerdotes en la Iglesia , como nos recuerda el Concilio Vaticano II, no es de naturaleza política, económica o social sino religiosa. [56] Sin embargo, de acuerdo con su ministerio, deben y pueden contribuir a establecer un orden secular más justo. De hecho, la palabra del Evangelio que los sacerdotes proclaman en el nombre de Cristo y de su Iglesia, la gracia eficaz de los sacramentos que administran y el testimonio de su caridad, deben contribuir a liberar al hombre de su egoísmo personal y social y a promover las condiciones de justicia entre los hombres que son signos de la caridad de Cristo presente en nuestro medio. [57] Los agentes de pastoral contribuirán hacia el progreso en la reconciliación, la paz y la justicia en África a través de su predicación, catequesis, cartas pastorales y especialmente, por un cuidado pastoral de la familia que sea idóneo para los desafíos de hoy día.

b) Las Personas consagradas 

59. De la misma manera, las personas consagradas son llamadas a trabajar por la llegada de la reconciliación, de la justicia y de la paz en África viviendo sus carismas y abrazando totalmente los consejos evangélicos en sus propias comunidades y en el mundo. De hecho, por el testimonio de una vida de servicio, de aceptación de la diversidad, el perdón y la reconciliación, serán un “signo” y un “instrumento” en el mundo del Reino que ha de venir. Por su sencilla vida casta –un signo visible de su total entrega a Cristo y a su Iglesia- su espíritu evangélico de despego y honestidad en el uso de los bienes de este mundo y su obediencia a sus superiores, darán testimonio de “las maravillas hechas por Dios a la humanidad frágil de aquellos, que son llamados a seguirle en una vida única especial” [58] El compromiso a la reconciliación, justicia y paz es intrínseco a su vocación. En realidad, las personas consagradas deberían ser de alguna manera la memoria viva de la convicción que cada cristiano no tiene “una ciudad estable y definitiva” en la tierra (cf. Heb 13, 14), o mejor, que él no pertenece a ninguna tribu, raza o pueblo en la tierra. Como resultado, las personas consagradas son simplemente ciudadanos que buscan la definitiva realización del Reino de Dios, por el que ruegan constantemente, “Que venga tu Reino”.

c) Instituciones de formación en la Iglesia

60. La preparación adecuada es extremadamente importante no solo para aquellos que tengan participación futura en los programas pastorales de la Iglesia sino también para aquellos que están formados en las instituciones de la Iglesia (Universidades e Institutos Superiores católicos, etc.). En consecuencia, se necesita que se introduzcan cursos y seminarios de formación sobre la paz y la justicia dentro de los programas de formación para los agentes de pastoral y las personas consagradas, así como para aquellos programas en las instituciones educacionales de la Iglesia. Esto significa proveerlos con herramientas útiles para el análisis de las realidades socio-políticas de los lugares donde sean llamados a trabajar.

Las instituciones educacionales de la Iglesia están llamadas a hacer una contribución valiosa a la formación promoviendo un fructuoso encuentro entre el Evangelio y las diferentes ramas del saber. [59] Por consiguiente, la formación de los cristianos laicos debe buscar primeramente hacerlos capaces de afrontar sus tareas diarias en los estamentos culturales, sociales, económicos y políticos, en efecto, por el desarrollo del sentido del deber al servicio del bien común. Un segundo aspecto es la formación de una conciencia política para preparar a los cristianos laicos a ejercer el poder político. [60] Deberían adquirir un conocimiento profundo de la enseñanza de la Iglesia y su actividad pastoral en la sociedad así como un agudo interés en las cuestiones sociales de nuestros tiempos.

II. El Compromiso de Todos los Fieles al Servicio de la Reconciliación , la Justicia y la Paz

1. La Identidad y la Misión de los Laicos en la Iglesia y en el Mundo

61. Ha llegado el momento para los laicos cristianos en África de hacer un compromiso decidido a gran escala en la vida de la Iglesia y del Estado. La misión de los laicos pertenece a la verdadera naturaleza de la Iglesia. Esto es particularmente importante y necesario en África hoy día. El significado y la misión de la presencia de los laicos no se debe encontrar tanto en la creciente convicción de su responsabilidad y participación en la actividad de la Iglesia en el mundo como en una conciencia de la naturaleza verdadera de la misión de la iglesia en el mundo.

Para entender mejor el significado y la necesidad comunes para la misión de los laicos en la única misión de la iglesia debemos volver a la idea de la Iglesia como una familia, un lugar “donde se da y se recibe ayuda, y, al mismo tiempo, un lugar donde el pueblo se prepara también para servir a aquellos que necesitan esperanza” [61] La familia es una comunidad de vida en la que hay una diversidad de talentos, carismas, ministerios, funciones, deberes y servicios y todos contribuyen, cada uno a su manera, a realizar la tarea compartida. La Iglesia está compuesta por muchos miembros, pero está unida, es el Cuerpo de Cristo, el Pueblo de Dios.

62. Sobre la base de esta referencia a Cristo y a Dios, al que Cristo revela como amor, todo se comprende y se justifica. Cada uno está a su servicio; cada uno a su manera contribuye a edificar su Cuerpo: Hacia ese servicio están los dones recibidos de Dios (cf 1Cor 7,7; Ef 4, 13,16) y del Señor Jesucristo (cf. Ef 4,7). A través de ellos, cada miembro toma parte a su manera en el poder y misión de Cristo. [62] Sin dañar esta unidad básica interior, la Iglesia debe siempre actuar de una manera específica cuando afronta situaciones históricas diversas; aún, debe ser constantemente consciente de su singular misión [63] para revelar el misterio de Dios y ofrecer al mundo la salvación en Jesucristo. En unión con todos sus miembros debe llevar al mundo su misión. Si queremos hablar sobre el servicio del laico al mundo, se debe decir que su ser en el mundo le hace un especialista en esta misión.

El carácter secular del laico determina lo específico de su misión. [64] Ellos ejercitan su misión cristiana en medio del mundo, en las condiciones ordinarias de la vida familiar y social. [65] Cada uno es cristiano en el mundo. Ciertamente, los clérigos y las personas consagradas están también en el mundo, pero su misión cristiana no afecta directamente a la construcción de las realidades terrenas. El laicado, de otra parte, tiene la vida terrena como su específica misión. El papel de los laicos, por lo tanto, es realizar el Reino de Dios en la administración y organización de las realidades terrenas de acuerdo con el plan divino. Guiados por el espíritu del Evangelio, deben estar en el mundo como la levadura en la masa, [66] sal y luz (cf. Mt 5, 13-14)

63. Consecuentemente, el servicio de los laicos en el mundo no es pura y simplemente un servicio terreno; es un servicio de salvación que es también un servicio eclesial. Ya que la Iglesia está en y para el mundo, el servicio terreno de los laicos es, al mismo tiempo, un servicio eclesial. A través de ellos, el Evangelio y la realidad salvífica del cristianismo no solo llegan a estar presentes en el mundo sino que también el mundo llega a estar presente en la Iglesia. A través de ellos se alcanza la integración del cristianismo y la cultura y tiene lugar la encarnación del cristianismo en el mundo de nuestro tiempo. Así el servicio secular de los laicos participa en el carácter sacramental de la iglesia como Sacramento de Salvación.

Sobre la base de este concepto de los laicos en la Iglesia , podemos concebir la relación de la Iglesia-mundo en dos niveles: El lugar de los laicos en la Iglesia , y los laicos como mensajeros de la Buena Nueva en el mundo. Están llamados a ser testigos en la vida matrimonial y en la familia, en el trabajo y en las diversas profesiones, en la ciencia y en la economía y en la cultura y la política. Están llamados, precisamente en la base de su carácter laical, [67] a santificar el mundo y a impregnarlo con el espíritu del Evangelio. [68] Este es el lugar donde los laicos deben ejercer su compromiso, en el nombre del Evangelio, al servicio de la reconciliación, de la justicia y de la paz.

64. Porque los laicos tienen un papel mayor en la misión de la Iglesia en el mundo, su contribución al trabajo hacia la reconciliación, paz y justicia es esencial. Para tener éxito deben comprometerse a sí mismos sin reservas: a luchar contra toda forma de discriminación; a construir la sociedad sobre el principio de igualdad y equidad; a dar al grupo étnico su propio significado; a mantener viva la memoria de cada cosa en las tradiciones africanas que contribuyen, desde el pasado y el presente, a promover la paz, la justicia y la reconciliación; a estar implicados en la dinámica de la reconciliación; y a tomar el camino de la no-violencia. Esta misión de los laicos en el mundo requiere que ellos tengan una preparación intelectual, doctrinal y espiritual.

2. Importancia de la Formación de los Laicos

65. La historia de la evangelización en África ilustra un importante compromiso misionero hacia la educación. Las escuelas estuvieron entre las instituciones más importantes –muchísimas veces las más importantes- en la actividad misionera pastoral. El caso del Congo Belga es muy iluminativo. El gobierno belga confió todo el cometido de la educación a la misión católica. Esto produjo muchos efectos positivos. Se debería reconocer que el rápido desarrollo de muchos pueblos africanos es debido al trabajo de estos misioneros. Al mismo tiempo, sin embargo, se debe reconocer que el período post-colonial ha permitido que las buenas fundaciones que ellos establecieron gradualmente se deterioren. Incluso en períodos de crisis la educación en muchos países africanos fue solo capaz de funcionar, en mayor grado, por las instituciones eclesiales. Un humilde reconocimiento de lo realizado no debería excusarnos de reflexionar profundamente en los caminos y medios para restablecer el sistema educacional en estos países.

66. Las iglesias particulares en África se deben preguntar a sí mismas qué esfuerzos se deben hacer para asegurar que los laicos sean más conscientes de su responsabilidad en la vida económica y política. También tienen el deber de establecer los instrumentos de formación que los laicos necesitan de tal manera que sus compromisos temporales se deberían inspirar por el Evangelio y por la doctrina social de la Iglesia. Es deplorable que en algunos lugares la Iglesia haya descuidado mucho tiempo la formación y educación de los laicos en equiparlos para el ejercicio de sus derechos cívicos, políticos y sociales en el caso de opresión o contestación de los mismos derechos. Mientras, por una parte es verdad hoy día que, en algunos países, después del impulso inicial dado por el Concilio Vaticano II, encontramos a la Iglesia dando mayor atención a la formación de los laicos y a la creación de escuelas profesionales y universidades católicas, por otra parte, se debe reconocer que se da muy pequeña atención a la formación de católicos competentes, esto es, personas fieles a Cristo y altamente comprometidos con la sociedad.

Para contribuir con eficacia a un renacimiento auténtico, dinámico de África, la Iglesia necesita evaluar sus programas para ver cómo mejorarlos, manejarlos y mantenerlos y así reforzar su eficacia y capacidad formando un grupo de católicos capaces de ejercer una fuerte influencia en la transformación positiva de África. Esto se debe hacer con la firme convicción que dé una nueva contribución en la formación de los laicos. No es suficiente formar a la gente; es también necesario inventar y, si es posible, crear empleos. De hecho, la Iglesia “desea ayudar a formar conciencias en la vida política y estimular mayor perspicacia dentro de las exigencias auténticas para la justicia, así como una mayor preparación para actuar en consecuencia “. [69] El objetivo es lograr no solo educar al pueblo capaz de pensar sino también suministrar instrucción que prepare a los mismos africanos a producir mejores materiales y condiciones de vida y a sobrevivir, e incluso prosperar, en el mundo de la ciencia y la tecnología.

Esta clave de formación no puede olvidar algunos elementos como: El respeto y la aceptación mutuos, la necesidad de encarnar las realidades de fe en las culturas de los pueblos africanos, la conexión entre la pobreza y la violencia, la necesidad por una buena administración de los recursos de África, el reconocimiento de las minorías y las raíces subjetivas y psicológicas de las guerras.

3 Algunos Aspectos que Requieren Particular Atención

a) El respeto y la aceptación mutuos

67. Indudablemente, un remedio contra el “virus” mortal de la discriminación es la fuerte convicción y adhesión a la cultura del respeto y la aceptación mutuos. Los laicos son primeramente llamados en esta área a ser mensajeros y testigos comprometidos en la búsqueda de vías y medios para convencer a cada africano de que el grupo étnico, región o ideología no son valores absolutos, y, por tanto, no deberían ser los principales puntos de referencia para su conducta y actividad. Todo cristiano africano es invitado a apoyar cualquier iniciativa encaminada a favorecer la mutua aceptación y la existencia pacífica en el respeto mutuo.

Esta visión del cristianismo requiere una ruptura de las formas negativas de solidaridad: Esto es, aquellas que se originan precisamente en la acentuación exagerada del grupo étnico. Esto significa tener solidaridad con aquellos del propio grupo étnico en lo que está bien, pero no tener solidaridad con él en lo malo. Estas formas positivas de solidaridad entre los miembros de un mismo grupo étnico y aquellas que pertenecen a diferentes grupos étnicos son motivos para el optimismo al romper el mecanismo del odio y de la autodestrucción de los pueblos. Los testimonios hechos en tiempos de crisis, cuando gente de una tribu salva a otros de una tribu enemiga, deberían inspirar optimismo para el presente y el futuro. Reforzando estos comportamientos positivos de solidaridad se restaurarán los valores sociales, particularmente la justicia, la equidad, el mutuo respeto y la vida pacífica a su propio lugar. Las raíces culturales, cuando se viven en sentido positivo pueden enriquecer el trabajo de la reconciliación, de la justicia y de la paz.

b) Reconciliación y perdón

68. El término “reconciliación” puede significar muchas cosas. En Sudáfrica, por ejemplo, se puede encontrar una doble connotación: Por un lado, el término tiende a significar simplemente un acuerdo, un consenso o resolución de un problema o discusión; por otro lado, se refiere a la eliminación de hostilidad o al fin de la violencia. El término, sin embargo, no incluye necesariamente el restablecimiento de la paz en los corazones. Lo que es importante es restablecer la relación normal, reanudar la comunicación e ir más allá de la disensión. Desde este punto de vista, la reconciliación tiene un carácter programático; es un lenguaje de aprendizaje a vivir con otros, en una sociedad plural, y resolver los problemas pacíficamente: En cuanto a esto, la declaración de su Santidad, el Papa Benedicto XVI es particularmente adecuada para la reconciliación en África: “El derramamiento de sangre no pide venganza a gritos sino pide respeto por la vida, por la paz” [70]. En este punto, la diferencia sutil entre la reconciliación y el perdón se deberían tener en cuenta.

El perdón se refiere más al esfuerzo interior de una persona para recuperar la paz y para curar la herida. En cada caso, es cuestión de memoria. En el perdón se ofrece la posibilidad de una verdadera purificación de la memoria y paz sólida. “Pidiendo perdón y dando perdón… son elementos indispensables para la paz. Por este camino nuestra memoria se purifica, nuestros corazones se hacen seremos, y nuestra mirada se fija claramente en lo que la verdad demanda siempre que tengamos que cultivar pensamientos de paz. Aquí debería recordar las palabras iluminadoras de Juan Pablo II: No puede haber paz sin justicia, ni justicia sin perdón”. [71] Por parte de la Iglesia , ésta llama a una enérgica actividad pastoral con el fin de traer a los culpables a un proceso que conduzca a la conversión y al reconocimiento de sus errores y crímenes. La Iglesia debe también ayudar a las víctimas a ofrecer generosamente su perdón incluso en los casos donde los responsables de los crímenes son rectamente castigados por los tribunales competentes.

69. Por lo tanto, aceptar seguir el camino de la reconciliación no significa renunciar a la honra de la memoria colectiva de las víctimas inocentes. Pero tal recuerdo no necesariamente nos obliga a remover constantemente el rencor. De hecho, esto sería un uso perjudicial de la memoria. En cambio, es necesario liberarse a sí mismo del daño y olvidar, siguiendo el ejemplo del Maestro de la Vida , que libremente perdonó a sus ejecutores desde la Cruz : “Padre, perdónales; no saben lo que hacen” ( Lc 23,34).

Si Jesucristo es la Plenitud de Vida, él une los grupos étnicos y los pueblos y los reconcilia en su Sangre. Él los hizo una única familia que vive en el testimonio hasta su palabra final: “Amaos unos a otros; como yo os he amado” ( Jn 13,34; cf. 15, 12). Es su Sangre derramada en nuestros corazones que nos reconcilia unos con otros. No tener en cuenta el sufrimiento causado por tan gran hostilidad significa reconciliación. Es una dura tarea, y no será fácil. Después de los terroríficos y dramáticos sucesos que África recientemente ha experimentado, es necesario para África redescubrir el profundo significado del “Padre nuestro”. “Perdónanos nuestras ofensas como nosotros perdonamos a aquellos que nos han ofendido”. Naturalmente, hoy día el perdón en África, que está dominada por tanta violencia, no es fácil. Pero, Dios nos pide perdonar. No nos pide simplemente perdonar la ofensa sino que nos reconciliemos con aquellos que nos hacen violencia. Solo la víctima puede dar el primer paso; solo la víctima puede perdonar. El perdón es algo divino; por tanto, una persona sin duda se parece más a Dios, cuando perdona.

70. Asociada con la reconciliación está la curación, tema que tiene gran importancia en África Negra. En África, se piensa que la enfermedad está relacionada con la carencia de armonía en las relaciones de las personas. Se necesita trabajar más en este aspecto si se quiere restablecer la salud. Depende mucho de la cualidad de las relaciones dentro la comunidad.

c) Reconciliación y Salud

71. Hoy día, observamos la gran atracción de toda clase de nuevos movimientos religiosos e iglesias africanas independientes, debido en parte al hecho que el pueblo siente que se le da mayor atención en estas Iglesias y en los nuevos movimientos religiosos, especialmente en el área de la salud. Los evangelios dan testimonio del ministerio de Jesús como “un Sanador”. El curó a los enfermos y, a través de estas curaciones, manifestó la llegada del Reino de Dios. Además, la misión, que él inculcó a sus discípulos, de acuerdo con San Lucas, es “proclamar el Reino de Dios y curar” ( Lc 9, 2). A través de los años, la Iglesia siempre ha tomado el cuidado pastoral del enfermo como una de sus preocupaciones fundamentales. El Concilio Vaticano II destacó el aspecto santificador de la salvación en Jesucristo y proporcionó la base para la íntima conexión entre la salvación escatológica y la curación física: “Es la persona humana la que tiene necesidad de salvación; es la sociedad humana la que necesita ser renovada. De ahí, el punto focal de nuestra presentación total será el mismo hombre, total y entero, cuerpo y alma, corazón y conciencia, pensamiento y voluntad”. [72] Esta perspectiva también determina el acercamiento de la Iglesia en África.

- Curación en su dimensión socio-religiosa y espiritual

72. En África, la Iglesia quiere ser fundamentalmente una familia. La salvación que proclama abarca al hombre en su totalidad y no puede ser reducida a la salvación del alma solamente. Desde un punto de vista humano y relacional, se debe decir que el grado de santidad de la Iglesia depende de la calidad de las relaciones interpersonales dentro de su familia. En una comunidad que carece de entendimiento, donde todos están peleando, la gente se enferma y busca a los hechiceros. De ahí, el descubrimiento de Cristo el Sanador, como la Palabra que da Vida que llama a la reconciliación e interviene con medicinas eficaces, sobre todo los sacramentos, que crean la unidad de la familia. Hablando de los sacramentos no se refieren solo al sacramento de la Penitencia ; todos los sacramentos están implicados en el proceso de curación. Cristo interviene en todas partes como sanador no solo para la salud espiritual, sino para la salud corporal también. Los sacramentos especialmente la Eucaristía , son signos e instrumentos que nos liberan de los males que prueban a los miembros de la comunidad y hacen de la Iglesia una Embajadora de la Reconciliación (cf. 2Cor 5,20).

73. El papel de la Iglesia en esta África dividida es reunir a las gentes como hermanos y hermanas, incluyendo los no bautizados, bajo Cristo, el Árbol de Vida y la Palabra de Reconciliación. De este modo estará dispuesta a mostrar que Jesucristo murió “para reunir en la unidad a todos los hijos de Dios dispersos” ( Jn 11,52), y que él es la Palabra preeminente de Vida que da vida abundante y reconcilia todo por la Sangre de su Cruz (cf. Jn 1,10 y Col 1,20). Siguiendo el ejemplo de Cristo, la Palabra de Vida, los cristianos son llamados a hablar solo palabras vivificantes que toman carne, crean unidad y hacen el mundo más humano. En verdad, en África, la vida está en la palabra. La palabra puede matar; y la palabra puede dar vida, reconcilia y construye unidad.

- Curación en su relación con la política, la economía y la cultura

74. Cristo nos cura y nos envía, en cambio, a salvar y a curar a los otros (cf. Lc 9,6; Mc 16, 15-20), no solamente a trasmitir bienes espirituales, sino a salvar el cuerpo junto con el alma. La misión de Cristo y de los cristianos, como ya hemos dicho, es salvar a la totalidad de la persona (cf. Lc 4,18ss). Precisamente en África de hoy, cada persona se debe salvar a través no solo de la liberación del espíritu sino de la liberación de la guerra –interna y externa-, de la explotación económica, hambre, enfermedad, tribalismo, injusticias, dictaduras y corrupción de todas clases. Los problemas de curación no se limitan a la esfera religiosa solo; incluyen y presuponen esferas políticas, económicas y culturales.

Hay varias clases de curación. En un compromiso político, como en cualquier compromiso para mejorar las condiciones de vida, la salud y la cultura de los pueblos, acudimos a una clase de curación. De hecho, Cristo no puede ser visto como un Sanador a no ser que los cristianos se comprometan a liberar África moderna de todos los males que están asfixiando el continente, particularmente el mal de la guerra.

d) Violencia y Pobreza

75. La violencia muchas veces es causada por la pobreza como una reacción al crecimiento de aislamiento social y a injusticias crecientes. Si esto es falso, ¿cómo podemos explicar el drama de los niños soldados o niños hechiceros? La violencia no será erradicada, a menos que nosotros cambiemos las estructuras sociales que causan el creciente empobrecimiento de unos, el escandaloso enriquecimiento de otros, el éxodo rural y el paro.

76. Obviamente, la verdadera solución a la violencia no se encuentra solo en la justicia social. La violencia es también un elemento cultural. Se deben hacer esfuerzos por recrear una cultura de paz. De hecho, la violencia y la guerra son un bi-producto de la cultura que se origina en la vida de cada día de la sociedad desde un modelo de hostilidad que educa a la gente a la violencia.

De hecho, aunque la violencia empieza con las personas, ni están condenadas a continuarla ni la violencia tiene que llegar a ser a un destino inexorable. La no-violencia y la paz son entidades culturales; por tanto, deben ser construidas, enseñadas y aprendidas. La no-violencia y la paz tienen algo que hacer no solo con la política, la economía y las estructuras de la sociedad, sino también con la educación y la religión. La paz no se alcanzará si no llega a ser una acción colectiva de todos en la comunidad: paz para todos y paz por todos. La paz requiere un ministro de la Palabra : Cristo, el Príncipe de la Paz , que es nuestra Paz (cf. Ef 2,14). Esta Palabra de Dios se nos da en por la Iglesia. En realidad, la paz resulta en y con la Iglesia porque la paz es primeramente un don que procede de Dios. Por lo tanto, es dentro del Pueblo de Dios donde se deben encontrar criterios individuales y colectivos de una afirmación y actividad cristianas a favor de la paz. Si la Iglesia tiene la vocación de ser el signo y sacramento de paz en y para el mundo, se debe comprometer en educar a las gentes sobre cómo conseguir paz.

77. La solución no-violenta de los conflictos ni es un ideal utópico ni una ficción. No significa sumisión, pasividad o resignación. [73] Conlleva establecer una verdadera consulta, esto es, una decisión consciente de empezar desde un diálogo y una búsqueda seria y progresiva de consenso. Dinámicas de esta clase presuponen la habilidad para olvidar y una visión moral-ética de perdón como una opción del corazón, una opción personal antes de un hecho social. El Papa Juan Pablo II acentuó que ningún progreso de los pueblos es posible sin la paz, y que una paz verdadera no es posible a no ser por el perdón. [74] A corto plazo, esto pudiera parecer debilidad, pero a largo plazo, es realmente una enorme ganancia. Lejos de disminuir a una persona, el perdón le restituye a su dignidad.

e) Poner Fin al Comercio de Armas y a la Salvaje Explotación de los Recursos Africanos

78. Para la Iglesia-Familia de Dios en África, la llamada a la paz significa una demanda a parar el comercio de las armas en las áreas de conflicto. Todos conocen cómo a las partes en conflicto se les suministran armas. Esto es una gran injusticia y un robo: los recursos de los países pobres son sistemáticamente robados para abastecer el combustible de las armas. La fuerza material de las armas necesita ser reemplazada por la fuerza moral de la ley.

Dar leyes a cambio implica que primeramente deben ser creadas. De hecho, mientras que las leyes en muchos de los estados africanos se han dejado, las instituciones independientes capaces de elaborarlas justamente respetadas están muchas veces faltando. La institución de leyes implica el reconocimiento del derecho a disentir: Esto es, la facultad teórica y práctica de la objeción de conciencia de tipo civil y la práctica de la desobediencia civil hacia algunas leyes o ideologías totalitarias, apelando al principio, “es mejor obedecer a Dios antes que a los hombres” ( Act 5,29), por tener un derecho a mantener una visión particular en el mundo y a disfrutar de la libertad de conseguir una educación.

f) El Reconocimiento de las Minorías

79. La llamada a la paz también significa el reconocimiento de que se respete el derecho de las minorías. Las guerras muchas veces surgen desde una carencia de respeto por las minorías, o por la asunción de poder por algunas minorías que se creen superiores a los otros. La obligación universal a comprender y respetar la diversidad y las riquezas de los otros pueblos, sociedades, culturas y religiones se basa sobre dos principios fundamentales. El primero es la dignidad inalienable de cada persona, el reconocimiento del origen nacional, cultural, étnico o racial o creencia religiosa. Esta dignidad significa que cuando los pueblos están unidos en grupos, tienen el derecho a una identidad colectiva. Las minorías entonces tienen el derecho a existir dentro de un país con su propia lengua, cultura y tradiciones, y el Estado está moralmente obligado a dar espacio a estas identidades y expresiones particulares. El segundo principio es la unidad básica de la raza humana que encuentra su origen en Dios, el Creador de todas las cosas. Esta unidad implica que ningún grupo puede sentirse superior a otro. Al mismo tiempo, sigue que la integración se puede construir sobre una solidaridad efectiva sin ningún tipo de discriminación. En consecuencia, el Estado tiene el deber de respetar y defender las diferencias que existen entre sus ciudadanos, y permitir su diversidad para servir al bien común. De hecho, la experiencia prueba que la paz y la seguridad solo se pueden garantizar mirando los derechos de todos aquellos para los que el Estado es responsable.

80. Desde este punto de vista, la libertad de los individuos y de las comunidades a profesar y practicar su religión es un elemento esencial para vivir en paz. La libertad de conciencia y la libertad a buscar la verdad y actuar en conformidad con la creencia religiosa personal son tan fundamentales para un ser humano que cualquier esfuerzo por restringirlas conduce inevitablemente a ralentizar los conflictos.

Cuando las relaciones entre grupos se rompen en una nación, el diálogo y la reconciliación son los pasos obligados para la paz. Solo un diálogo sincero, abierto hacia las reclamaciones legítimas de todos las partes involucradas, crea un ambiente de verdadera justicia, cuando cada uno es capaz de trabajar por el bien verdadero de la patria y su gente. La reconciliación, basada en la justicia, y el respeto a las legítimas aspiraciones de todos los segmentos de la sociedad, debe ser la norma. La garantía de las minorías a participar en la vida política es un signo de una sociedad moralmente adulta y honra a los países en los que todos los ciudadanos son libres de tomar parte, en un clima de justicia y paz, en la vida de una nación.

g) Las Fuentes Subjetivas y Psicológicas de la Guerra

81. Sin dejar de tratar las causas objetivas de los conflictos y el descontento general, parece necesario descubrir las fuentes subjetivas y psicológicas de la guerra. Mencionamos, entre otros, los conflictos tradicionales entre tribus, la ausencia de las grandes causas que movilicen a los pueblos, la proyección sobre otros del descontento personal y del resentimiento y la desconfianza llevada hasta el extremo. La frustración está también en el origen de la agitación social: La desigualdad en el acceso a la educación, una carencia de una verdadera participación en el poder económico o político, una carencia de identidad y consideración por la sociedad y la sed por el calor humano, amor y fraternidad.

La solución a esta situación requiere una transformación espiritual. Para ser un pacificador, uno debe poseer la paz interiormente. La paz en el mundo pasa por una conversión personal.

CAPÍTULO V 

LOS RECURSOS ESPIRITUALES

PARA LA PROMOCIÓN DE LA RECONCILIACIÓN

DE LA JUSTICIA Y DE LA PAZ EN ÁFRICA

I. El Carácter Básico de un Camino de Vida del Cristiano en el Mundo

82. “Vosotros sois la sal de la tierra, vosotros sois la luz del mundo” ( Mt 5; 13,14). El Señor llama a sus discípulos a ser la sal de la tierra y la luz del mundo. Él explica la misión de sus discípulos en el mundo: Son la sal de la tierra y la luz del mundo. Para hacer esto se requiere la impregnación de la presencia verdadera del Dios viviente, que se da en el Cuerpo y la Sangre del único que es la Palabra de Vida. Siendo la Palabra de Dios fiel y eficiente, un discípulo encuentra ahí no solo al salvador y luz, sino también una promesa de salvación.

83. Hablando de la luz, Jesús usó una imagen antigua: Sión, la ciudad en la montaña (cf. Is 2,1ss). Atraídos por la luz, el pueblo acude allí de todos los lugares. Desde el país de la sombra de la muerte y de las guerras (cf. Is 9,1ss), ellos vienen corriendo hacia Sión para obtener la vida y la paz dadas por el Señor.

En la presencia de un discípulo, los otros deben sentirse a gusto, esto es, siendo capaces de encontrar en el mundo Luz, salvación, sabiduría y liberación desde la oscuridad, la liberación de todas las formas de aislamiento y comodidad y consuelo de unos corazones heridos. El evangelista coloca el énfasis en “todos” los discípulos: “Del mismo modo vuestra luz debe brillar a vista de los hombres, para que, viendo vuestras buenas obras, puedan alabar a vuestro Padre del Cielo” ( Mt 5, 16). Esta es la vocación fundamental de cada cristiano en el mundo: Hacer que la Luz de Cristo brille dentro del mundo. La luz conduce a la acción; produce obras, buenas obras. Con un compromiso de esta clase, el entusiasmo cristiano y la Luz de Cristo se pueden dar al mundo de África. Tal acción pide una completa espiritualidad de participación cristiana en la política, el mundo del trabajo y la vida profesional. Tal espiritualidad tiene su base en el ministerio sacerdotal de todo fiel.

II. La Vida Litúrgica como el Foco de la Espiritualidad Cristiana

84. La razón de ser de la Iglesia en el mundo es hacer visible la verdadera presencia de la acción salvífica de Dios en el tiempo y en el espacio. Es abrir el mundo a la acción de Dios, a la vida de Dios en nosotros. Hablando con precisión, la presencia eucarística enseña y actualiza el hecho que el punto de partida de la salvación es la aceptación gratuita, en un acto lleno de amor, de cada hombre y de cada realidad, como un don de Dios. Su Santidad, el Papa Benedicto XVI nos recuerda con estas palabras: “El nuevo culto tiene su fundamento en el hecho que, en primer lugar, Dios nos hace un don, y, llenos con este don, nosotros llegamos a él: la creación vuelve al creador”. [75] Este don hace a un cristiano como alguien que vive en el amor recibido del Dios uno y trino.

Desde la fe en un solo Dios en la Trinidad de Personas, un cristiano llega a la convicción que todos son hermanos y hermanas, sin distinción de raza o sexo, clase social o cultura, y que el misterio de la identidad de cada ser humano está en relación a esto. Esta convicción está confirmada y explicada en última instancia en el misterio de la Eucaristía , que es primeramente aceptación de la vida de Dios en nosotros, el don de su verdadero Ser, dado a nosotros en Jesucristo. Jesús que fue enviado como suprema presencia del amor del Padre para toda la humanidad, expresa y realiza totalmente en la Eucaristía esta lógica de desinterés, aceptación y escucha. Consecuentemente, toda acción cristiana y pensamiento solo se pueden entender en la base de este misterio de aceptación del don de Dios.

85. El testimonio cristiano es no solo coherente, sino también anticipación y realización, en el tiempo y en el espacio, del don de Dios, transformando el mundo. Por tanto, la diakonia (“servicio”) que la Iglesia debe ejercer en el mundo es lo primero de todo un servicio de acogida y de escucha a las necesidades de todos, particularmente de aquellos que no tienen voz para hacerse oír o ni importancia política para afirmarse a sí mismos. La Iglesia tiene experiencia en la acogida y escucha a su Salvador, que se da a sí mismo en el silencio de la Eucaristía. Más que en la privación de bienes y medios, expresa su pobreza en su habilidad para escuchar todas las necesidades humanas – no importa cuánto humildes – y llevarlas al Padre, la Fuente de Todo Bien. Al hacerlo así, alcanza el doble movimiento fundamental de la Eucaristía : Elevación de la humanidad y de su mundo a Dios, en, dentro y por Cristo, y el don de Dios al mundo, en, dentro y por Cristo. Esto explica la necesidad y la urgencia de la Eucaristía en la vida diaria del cristiano. De hecho, por y en la Eucaristía , un cristiano se realiza en profundidad cada día, a saber, ser don para los hombres y mujeres de nuestros tiempos. En la celebración de la Eucaristía toma lugar la realización fundamental de este don en cuatro vías: Adoración, acción de gracias, oración propiciatoria y la oración de súplica.

86. En la adoración, el cristiano expresa más claramente su total dependencia en Dios cuya absoluta soberanía se proclama como la fuente de todo bien y de toda vida. Al mismo tiempo, el culto cristiano de adoración también da valor a la persona, porque adorar a Dios es glorificarle. La gloria de Dios es la persona totalmente viva. [76] De hecho, la adoración de Dios expresa la fidelidad de Dios a la humanidad, su voluntad de liberar a la humanidad de dependencias humillantes y degradantes. La Eucaristía llega a ser la más clara expresión de la síntesis: gloria de Dios – liberación - elevación de la humanidad.

La Eucaristía , por un lado, da al creyente la convicción que es sumergido como en el universo de la gratuidad: todo es gracia, porque todo es un don del Padre de todo bien. Por otro lado el creyente es consciente que es llamado por el Padre a llevar los valores positivos contenidos en todo lo que ha recibido, para dar testimonio, y hacerlo perceptible, de la bondad y la gratuidad de los dones divinos. Para poner esto en acción, un cristiano debe usar los dones que ha recibido de acuerdo con la misma lógica de la gratuidad de Dios. Un hombre que usa las cosas con una actitud de egoísmo no da gracias a Dios. La espiritualidad eucarística hace que nazca una humanidad donde todos se consideren como hermanos y hermanas.

87. Al destacar la intimísima relación que une la gloria de Dios a la realización de toda la realidad creada, la Eucaristía confirma el concepto cristiano de que el pecado siempre tiene dos dimensiones, una vertical (ofensa a Dios) y una horizontal (desorden con el mundo). La Eucaristía también enseña que la propiciación implica juntamente el reconocimiento adecuado de la soberanía divina y un reclamo a reformar el mundo y la historia. Consecuentemente, la penitencia cristiana y el compromiso para la conversión demanda la eliminación del mal como un constante esfuerzo a progresar hacia el bien.

La renovación cada día de la petición de la Eucaristía no tiene por finalidad doblegar la voluntad divina a través de la insistencia de nuestro requerimiento, sino más bien de abrir pacientemente nuestra inteligencia y nuestros corazones a entender gradualmente el verdadero don, Cristo, la Plenitud de Vida, y de comprometer nuestra voluntad a amar y querer lo que Dios ha amado y querido en Cristo. En este sentido, la demanda de la plegaria eucarística diaria, la recitación regular de la Liturgia de las Horas y el constante y frecuente recurso a los sacramentos y sacramentales, están lejos de ser una vana tentativa a dejar la solución de nuestros problemas al poder omnipotente de Dios. Por el contrario, tales acciones son una parte seria de un compromiso siempre profundo a transformar cada aspecto de la vida diaria dentro del ofrecimiento que agrada a Dios en Cristo.

III. Hacia una Espiritualidad de Compromiso en el Mundo

88. Cuando los Padres de la Iglesia hablan del ministerio sacerdotal de los fieles creyentes, entienden la vida cristiana como culto, esto es, una vida consistente en una total orientación del propio ser a Dios y al prójimo. [77] Algunas veces, esto puede implicar la ofrenda suprema de la vida propia en el martirio. Resumiendo la tradición patrística, Santo Tomás de Aquino declara que el carácter sacramental recibido en el Bautismo y la Confirmación se debe ver como una participación en el sacerdocio de Jesucristo y la capacidad para ofrecer el culto. El concepto de culto se debe entender como “culto a través de la vida cristiana”. [78] Para Santo Tomás, el culto no es cuestión de un ritual y estructuras externas sino en llevar una vida verdaderamente cristiana. Por encima de todo, cada cristiano es llamado a atestiguar no tanto en lo que dice y hace como en lo que él es y en cómo vive, a saber, basado sobre su relación a Cristo, que, sucesivamente, determina lo que se dice y se hace. Las palabras y los hechos de los cristianos deben ser expresión de la gratuidad para con el Padre, que, en Jesucristo, es la fuente de todo bien.

1 Una Espiritualidad del Trabajo bien hecho, profundamente enraizado en el Amor de Dios y del Prójimo

89. Este sentimiento de gratitud se expresa también en un cuidado personal de la creación a través del trabajo bien hecho, continuo, laborioso y arduo. De hecho, Dios hizo el mundo como una cosa de gran belleza para Adán, para que pudiera trabajar en él, y ser su administrador (cf. Gen 2,15). Debemos tener por tanto plena convicción de que el hombre se realiza en el trabajo asiduo y bien hecho (cf. Job 5,7) y participa en el poder creativo de Dios. Esta participación en el poder creativo de Dios requiere que un cristiano sea consciente en la realización de sus tareas individuales, esto es, que el amor debe santificar sus tareas, incluso hasta en el más pequeño detalle.

De este modo, el trabajo profesional llega a ser una luz que ilumina a aquellos que nos rodean y a aquellos a quienes encontramos, y dando sabor y alegría a aquellos que participan de los frutos de nuestro trabajo. Por tanto, cada cristiano es llamado a aprender bien su oficio y a practicarlo con cuidado; la santificación del trabajo consiste en esto. La santificación del trabajo de cada día es para un cristiano el punto cardinal, por así decir, de una verdadera espiritualidad en el orden temporal. Esta santificación solo es posible cuando nos dedicamos a nosotros mismos a través del amor a nuestros deberes profesionales, cuando sobrellevamos todo por amor, como su Santidad, el papa Benedicto XVI nos recuerda: “Deben ser personas movidas por el amor de Cristo, personas cuyos corazones Cristo ha conquistado con su amor, despertando dentro de ellos el amor al prójimo”. [79] Este camino nos conducirá a contemplar las maravillas que fluyen del trabajo – precisamente por el amor, incluso si tenemos que aguantar el sabor amargo de la incomprensión, injusticia, ingratitud e incluso un fallo humano. Estos son los frutos sabrosos y las semillas de eternidad. Un segundo elemento característico de esta espiritualidad es la libertad cristiana.

2. La Libertad Cristiana y el Sentido de Familia como el Signo distintivo de esta Espiritualidad

90. Hoy día, el cristiano se encuentra a sí mismo en los caminos de la cruz de las realidades divinas y terrenas con sus consecuentes tensiones y luchas y con todo lo que esto implica. La existencia cristiana se realiza en este contexto, donde la tensión está en juego a causa del martirio, diálogo, que está abierto al mundo y que lleva el testimonio como un signo de contradicción que viene desde la Crucifixión. Viviendo así se requiere el discernimiento del espíritu. El mayor servicio que la Iglesia puede ofrecer es una adecuada formación de la conciencia y formación en la fe. En realidad, mucha confusión viene de una carencia de una suficiente formación en la fe y el deseo de una buena conciencia. La renovación interior y la profundidad de una catequesis continua para adultos es esencial para la renovación en la vida apostólica y la espiritualidad del cristiano.

La Biblia y los Padres de la Iglesia proporcionan el tercer aspecto, a saber, la comunión de los miembros en el único Cuerpo de Cristo. Llegamos a ser cristianos solo por la unión con los otros cristianos en la gran Comunión de los Santos. Esto destaca la dimensión comunitaria de libertad y compromiso. Nadie se salva solo; Cristo salva a la humanidad como un todo para hacerla la familia de Dios unida en su Cuerpo y Sangre. La comunión hace referencia a la comunicación. Esto es posible en varios niveles: En grupos de trabajo, reuniones, momentos de discusión y de participación, asociaciones, la familia, los lugares de trabajo y círculos de amigos. Un cristiano es alguien que conoce cómo trabajar en equipo, en colaboración y sincera amistad con otros. Dondequiera que un cristiano está trabajando, procura crear una atmósfera familiar. La familia es siempre el lugar básico donde se expresa este aspecto comunitario.

CONCLUSIÓN

POR UNA ESPIRITUALIDAD

ORIENTADA HACIA LA COMUNIDAD

PARA EL SERVICIO AL MUNDO

91. En África hoy día, algunos movimientos espirituales y comunidades eclesiales vivientes están haciendo un papel importante, dando una fuente de esperanza a la Iglesia . A pesar que existen dificultades para transformar comunidades eclesiales vivientes en verdaderos instrumentos de reconciliación, justicia y paz, son sin duda importantes los signos de la presencia del Espíritu de Dios, el Espíritu de Comunión. Son ejemplos concretos del apostolado que los laicos están llamados a emprender hoy día. Estas comunidades llegan a abordar los verdaderos problemas de la reconciliación, la justicia y la paz, y gradualmente resuelven estos problemas. De hecho, en estas comunidades, tienen lugar de un modo más intenso el compromiso y la responsabilidad de los laicos.

Los movimientos espirituales son también pequeños centros desde los que el Evangelio emana hacia el mundo y sus realidades. Los laicos son invitados a estar atentos a los dones del Espíritu que inspira y suscita nuevas iniciativas en sus Iglesias que están encarnadas en las realidades del mundo para afrontar los grandes retos contemporáneos. África debería sacar provecho de los movimientos espirituales que el mismo Espíritu ha suscitado en otros contextos culturales. África debería estar también equipada para formarlos y propagarlos en toda la Iglesia como un signo de su madurez espiritual y su escucha atenta a lo que el Espíritu está diciendo a las Iglesias.

92. “Vosotros sois la sal de la tierra… Vosotros sois la luz del mundo” en África y en el mundo. Las palabras del Señor son una invitación que incumbe a todos sus discípulos en la rica diversidad de sus vocaciones. Deben ser los trabajadores de la reconciliación y la paz y promotores de justicia: Desde los obispos hasta los laicos, con la asistencia de las estructuras complementarias que constituyen la Iglesia. Esto significa trabajar por la llegada del Reino de Dios y contribuir a la llegada de la nueva África de manera que, con la ayuda de la gracia de Dios pueda siempre prevalecer la justicia, la paz y el bien común de los pueblos y naciones.

93. El Espíritu actúa de tal modo que los cristianos y los pueblos de buena voluntad, a través de sus acciones diarias – individuales y colectivas – rechacen el egoísmo, el pecado y cualquier violación de la paz y la justicia, y trabajen activamente para la reconciliación con Dios y nuestros hermanos. María, el Templo del Espíritu, la Reina de la Paz y Protectora de África, nos muestra a Cristo, nuestra Reconciliación, nuestra Justicia y nuestra Paz, de modo que debajo de su maternal protección, la Iglesia en África hará cada vez más que luzca la luz que irradia de la Gloria del Padre – Cristo. A ella confiamos la preparación y los frutos del trabajo de la Segunda Asamblea Especial del Sínodo de los Obispos.

94. Santa María
Madre de Dios, Protectora de África,
Tú has dado al mundo la verdadera Luz, Jesucristo.
Por tu obediencia al Padre y la gracia del Espíritu Santo
Tú nos has dado la fuente de nuestra reconciliación y nuestra alegría.

Madre de Ternura y Sabiduría,
Muéstranos a Jesús, Hijo de Dios y tu Hijo.
Guía nuestro camino de conversión,
Para que Jesús permita que su Gloria brille en y dentro de nosotros,
En todos los lugares de nuestra vida personal, familiar y social.

Madre, llena con Misericordia y Justicia,
Por su docilidad al Espíritu de Consolación,
Obtennos la gracia de ser testigos de Cristo Resucitado,
Que queramos llegar a ser cada vez más la sal de la tierra y la luz del mundo.

 

Madre de la Perpetua Ayuda ,
Confiamos a tu maternal intercesión
La preparación y los frutos del Segundo Sínodo para África.
¡Reina de la Paz , ruega por nosotros!
¡Nuestra Señora de África, ruega por nosotros!

CUESTIONARIO 

Introducción 

1. ¿Cuáles son las enseñanzas aprendidas desde Ecclesia in Africa , tanto en su preparación como en su puesta en práctica, en las vidas de las Iglesias particulares en África y los pueblos del continente?

2. A la luz del nuevo y presente estado de África, ¿qué queda por hacerse?

Capítulo I

3. ¿Qué desarrollos positivos han resultado en la Iglesia y en la sociedad desde Ecclesia in Africa ?

a) ¿En relación con la reconciliación?
b) ¿En relación con la justicia?
c) ¿En relación con la paz?

4. ¿Qué dificultades ha tenido su Iglesia particular y la sociedad como un todo que afrontar en su región?

a) ¿A nivel socio-político?
b) ¿A nivel socio-económico?
c) ¿A nivel socio-cultural?
d) ¿A nivel eclesial?
e) ¿En colaboración con los musulmanes en cuestiones de justicia, paz y reconciliación?
f) ¿En colaboración con los seguidores de la A.T .R. en cuestiones de justicia, paz y reconciliación?
g) ¿En colaboración con los otros cristianos?

5. ¿Cómo habéis afrontado las dificultades causadas por los mismos africanos y aquellas resultantes de conflictos internacionales?

Capítulo II

6. ¿Qué impacto tiene vuestra fe en Cristo en vuestra vida diaria?

7. ¿Está la Palabra de Dios en el corazón de vuestra vida familiar? ¿En vuestra vida comunitaria? ¿En vuestra parroquia?

8. ¿Cómo ha ayudado la fe en Cristo Salvador a promocionar acciones útiles a la Iglesia y a la sociedad?

Capítulo III

9. ¿Es la Iglesia realmente una familia en vuestra comunidad eclesial viviente?

10. ¿Qué está usted haciendo en su comunidad para alcanzar y vivir esta dimensión familias que transciende y une a todas las tribus y razas?

11. ¿Cómo nos ayuda la Eucaristía a vivir nuestros compromisos hacia la paz, reconciliación y justicia, y a hacer los sacrificios que ello conlleva. (cf . Mane nobiscum Domine )?

12. ¿Ha ayudado la imagen, tomada de Ecclesia in Africa , de la Iglesia-Familia de Dios a ser un testigo de reconciliación, justicia y paz? ¿Cómo da su Iglesia particular este mismo testimonio? ¿Cómo está trabajando para la reconciliación, la justicia y la paz?

13. ¿Es la doctrina social de la Iglesia suficientemente conocida en su Iglesia particular? ¿Hay iniciativas para difundirlas y darlas a conocer? ¿Cuáles son?

Capítulo IV

14. ¿Cómo podemos todos responder (obispos, sacerdotes, personas consagradas, laicos e instituciones eclesiales de formación) a la llamada a la santidad?

15. ¿Existen Comisiones de Justicia y Paz en su Iglesia particular? ¿Son efectivas?

16. ¿Existe programa de formación en su Iglesia particular?

17. ¿Cuál es la contribución específica del obispo, de las conferencias de los obispos, sacerdotes, personas consagradas, institutos religiosos, universidades católicas, seminarios mayores y catequistas en materias relacionadas con la reconciliación, la justicia y la paz?

18 ¿Qué es la responsabilidad específica de los laicos en estas áreas? ¿En la política, la vida militar, el mundo de la economía, la educación de la juventud, la salud, la familia, la cultura, los medios de comunicación, los organismos internacionales y a nivel de Iglesia universal?

19. En la actual situación de África, ¿qué significa las palabras de Jesús para usted: “Vosotros sois la sal de la tierra…vosotros sois la luz del mundo?

20. Describa la situación actual en su Iglesia particular (diócesis y país) en lo que concierne:

a) ¿Salud, educación y estructuras sociales?
b) ¿Derechos humanos y democracia?
c) ¿Relaciones entre diferentes grupos étnicos y religiosos?

21. ¿Cómo puede su Iglesia ayudar a hacer sistemas de educación y de salud más eficientes?

22. ¿Qué puede hacer su Iglesia para mejorar la situación de los derechos humanos y promover la democracia?

23. ¿Para preparar cristianos para la vida civil y política?

24. ¿Qué iniciativas se deben tomar en su región concernientes a la violencia y al odio causado por las guerras?

25. ¿Cuáles son las causas profundas de esta violencia y odio; de estas atrocidades contra los derechos humanos?

26. Para afrontar esos retos, ¿qué formas de colaboración son posibles con las Iglesias de otros continentes, con otros creyentes del continente africano, y con los seguidores de los nuevos grupos religiosos o movimientos?

27. ¿Qué experiencias positivas en su región que hacen relación a la reconciliación, a la justicia y a la paz serían de ayuda para compartir con otros continentes?

28. ¿Qué recursos encuentra en las culturas africanas que le ayuden a afrontar los siguientes retos: Tensiones étnicas y religiosas; corrupción, desprecio por la vida; ofensas a la dignidad de la mujer; movilización de niños en conflictos armados; la situación de los refugiados y emigrantes, etc.?

29. ¿Cómo evalúa usted la evangelización en el continente Africano, en lo que concierne tanto a su amplitud como a su cualidad?

Capítulo V 

30. ¿Cómo podría promover, donde usted vive, una sólida cultura de trabajo asiduo y bien hecho?

31. ¿Existen en su región algunas otras cuestiones o experiencias relacionadas con la reconciliación, la justicia y la paz que usted desearía tratar en el Sínodo?

En general

32. ¿Qué otros importantes puntos conforme al tema elegido, según su opinión, merecerían la atención del Sínodo.

NOTAS:

[1] Juan Pablo II, Exhortación post Sinodal Ecclesia in Africa ( 14.09.1995) : AAS 88 (1996) 5-82.

[2] Ibid . , 5: AAS 88 (1996) 7.

[3] Juan Pablo II, Discurso a los participantes en Simposio de los Obispos de África y Europa (13.11.2004), 5: L'Osservatore Romano: Edición Semanal en Inglés , 24.11.2004, p. 5.

[4] El ejercicio de la caridad es un carácter constitutivo de la Iglesia en el mismo sentido de la proclamación del Evangelio y la administración de los sacramentos. Cf. Benedicto XVI, Encíclica Deus Caritas Est (25.12.2005), 32: L'Osservatore Romano:Edición Semanal en Inglés , 01.02.2006, Suplemento, VII.

[5] Cf. Juan Pablo II, Carta Apostólica Mane Nobiscum Domine , (07.10.2004), 2: AAS 97 (2005) 337 .

[6] Sínodo de Obispos, Asamblea Especial para África, Mensaje, 2: L'Osservatore Romano: Edición Semanal en Inglés , 11.05.1994, p. 6.

[7] Benedict XVI, Discurso a los Clérigos de la Diócesis de Roma (02.03.2006), 9, L 'Osservatore Romano: Edición Semanal en Inglés , 15.03.1006, p. 7.

[8] Desde 1978 a 2004, el número de los Católicos Africanos ha ido desde 55.000.000 a 149.000.000. Así mismo, las vocaciones al presbiterado y religiosos han experimentado un spectacular incremento en el mismo período: cf. Secretaria Status Rationarium Generale Ecclesiae, Annuarium Statisticum Ecclesiae (Anuario estadístico de la Iglesia ) 2004,Ciudad del Vaticano 2006, p. 18.

[9] Juan Pablo II, Exhortación post Sinodal Ecclesia in Africa (14.09.1995), 114: AAS 88 (1996) 68.

[10] Cf. ibid . , 110: AAS 88 (1996) 65.

[11] Sínodo de Obispos, Asamblea Especial para África, Proposición, no. 56.

[12] Cf. Juan Pablo II, Homilía de apertura del Sínodo (10.04.1994), 7: L'Osservatore Romano: Edición Semanal en Inglés , 13.04.1994, p. 8.

[13] Juan Pablo II, Exhortación post Sinodal Ecclesia in Africa (14.09.1995), 113: AAS 88 (1996) 67.

[14] Ibid ., 118: AAS 88 (1996) 70.

[15] Cf. Benedicto XVI, Encíclica Deus Caritas Est (25.12.2005), 28a: L'Osservatore Romano: Edición Semanal en Inglés , 01.02.2006, Supplemento, VII.

[16] Símposio de las Conferencias Episcopales de África y Madagascar (S.E.C.A.M.), Iglesia-Familia de Dios : Lugar y Sacaramento del perdon, Reconciliación y Paz en África, "Cristo es nuestra Paz" ( Eph 2:14): http://www.sceam-secam.org/english/story.asp?ID'6.

[17] Cf. Sínodo de Obispos, Asamblea Especial para África, Instrumentum Laboris , 118; Juan Pablo II, Exhortación Apostólica Post-Sinodal Ecclesia in Africa , 51, 117: AAS 88 (1996) 32, 69.

[18] Benedicto XVI, Discurso a los clérigos de Roma (13.05.2005): L'Osservatore Romano: Edición Semanal en Inglés , 18.05.2005, p. 4.

[19] Cf. Juan Pablo II, Mensaje para el Mundo Día de la Paz (08.12.1994), 8: AAS 87 (1995) 363.

[20] Juan Pablo II, Exhortación Apostólica Post-sinodal Ecclesia in Africa (14.09.1995), 115: AAS 88 (1996) 69.

[21] Sínodo de Obispos, Asamblea Especial para África L ineamenta , 69.

[22] Cf. S Sínodo de Obispos, Asamblea Especial para África, Instrumentum Laboris , 97.

[23] Juan Pablo II, Discurso al Cuerpo Diplomático (13.01.1990): L'Osservatore Romano , 14.01.1990, p. 5. Sobre la necesidad de promover la libertad religiosa y el principio de reciprocidad, cf. Benedicto XVI, Discurso al Cuerpo Diplomático (09.01.2006): L'Osservatore Romano: Edición Semanal en Inglés , 11.01.2006, p. 4: "Ningún Gobierno puede sentirse libre de desatender sus deberes en asegurar las condiciones adecuadas de libertad para sus propios ciudadanos...".

[24] Santa Isabel del Trinidad, Escritos Espirituales . I. Heaven in Faith, The Complete Works , Vol. I, Edición Crítica de Conrad De Meester, Kilmarnock ( UK ), 1984, p. 111.

[25] Juan Pablo II, Dicurso en la Segunda Ssesión de la Asamblea Especial para África del Sínodo de los Obispos , Johannesburgo (Sudáfrica), (17.09.1995), 3: L'Osservatore Romano: Edición Semanal en Inglés , 27.09.1995, p. 6.

[26] Cf. Concilio Vaticano Segundo, Constitución Dogmática de la Divina Revelación Dei Verbum , 2.

[27] Benedicto XVI, Homilía en la Misa Crismal (13.04.2006): L'Osservatore Romano: Edición Semanal en Inglés , 19.04.2006, p. 3.

[28] Juan Pablo II, Cara Apostólica Mane Nobiscum Domine , 3 (07.10.2004): AAS 97 (2005) 338.

[29] Idem .

[30] Cf. Ibid . , 16: AAS 97 (2005) 344.

[31] Cf. Concilio Vaticano Segundo, Constitución Dogmática sobre la Iglesia Lumen Gentium , 1.

[32] Concilio Ecuménico Vaticano Segundo, Decreto sobre la Actividad Misionera de la Iglesia Ad Gentes , 8.

[33] Idem.

[34] Benedicto XVI, Encíclica Deus Caritas Est (25.12.2005), 25b: L'Osservatore Romano: Edición Semanal en Inglés , 01.02.2006, Supplemento, VI.

[35] Cf. Consejo Pontificio para Justicia y paz, Compendium de la Doctrina Social de la Iglesia , Ciudad del Vaticano 2004, n. 66.

[36] Simposio de las Conferencias Episcopales de África y Madagascar - S.E.C.A.M., Procedimientos de la Séptima Asamblea Plenaria, Kinshasa 1984; La Voz de S.E.C.A.M. , Accra, 1987, p. 133.

[37] Catecismo de la Iglesia Católica , n. 2419.

[38] Cf. Juan Pablo II, Carta Encíclica Centesimus Annus (01.05.1991), 54: AAS 83 (1991) 859.

[39] Cf. Ibid. , 11: AAS 83 (1991) 807.

[40] Cf.Beato Juan XXIII, Carta Encíclica Mater et Magistra (15.05.1961): AAS 53 (1961) 453, 459.

[41] La noción de “comunidad de bienes” merece mención y la Buena valuntad de las primeras comunidades Cristianas a participar libremente: Didachè, I, 5: SC 248, 144; "Da a quien pide;" cf. LCarta de Bernabé , XIX, 8; SC 172, 206; Hermas, El Pastor, Preceptot 4-5: SC 53, 146-148; Tertuliano, Apologeticum XXXIX, 11: rec. P. Frassinetti, Augustae Taurinorum , 1965, p. 92.

[42] Concilio Ecuménico Vaticano Segundo, Constitución Pastoral sobre la Iglesia en el Mundo Moderno Gaudium et Spes , 69.

[43] Cf. Juan Pablo II, Carta Encíclica Laborem Exercens (14.12.1981), AAS 83 (1981) 616, 14.

[44] Concilio Ecuménico Vaticano Segundo, Constitución Pastoral sobre la Iglesia en el Mundo Moderno Gaudium et Spes , 69.

[45] Cf. Juan Pablo II, Carta Encíclica Novo Millennio Ineunte (06.01.2001), 49-50: AAS 93 (2001) 302-303; Carta Encíclica Sollicitudo Rei Socialis (30.12.1987), 42: AAS 80 (1988) 572.

[46] Juan Pablo II, Carta Encíclica Centesimus Annus (01.05.1991), 35: AAS 83 (1991) 837.

[47] Cf. Concilio Ecuménico Vaticano Segundo, Constitución Pastoral sobre la Iglesia en el Mundo Moderno Gaudium et Spes , 71.

[48] Cf. Consejo Pontificio para Justicia y Paz, Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia , Ciudad del Vaticano, 2004, n. 164.

[49] Cf. Bendicto XVI, Carta Encíclica. Deus Caritas Est (25.12.2005), 28a: L'Osservatore Romano: Weekly Edition in English , 01.02.2006, Supplement, VII.

[50] Ibid. , 28b: L'Osservatore Romano: Edición Semanal en Inglés , 01.02.2006, VIII.

[51] Consejo Pontificio para Justicia y Paz, Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia , Ciudad del Vaticano, 2004, n. 189.

[52] Cf. Concilio Ecuménico Vaticano Segundo, Constitución Pastoral sobre la Iglesia en el Mundo Moderno Gaudium et Spes , 1.

[53] Cf. Bendicto XVI, Carta Encíclica Deus Caritas Est (25.12.2005), 28b: L'Osservatore Romano: Edición Semanal en Inglés , 01.02.2006, Supplemento, VIII.

[54] Juan Pablo II Exhortación Apostólica Post- Sinodal Ecclesia in Africa (14.09.1995), 68: AAS 88 (1996) 42-43.

[55] Cf. Benedicto XVI, Carta Encíclica Deus Caritas Est (25.12.2005), 32: L'Osservatore Romano: Edición SEmanal en Inglés , 01.02.2006, Supplement, IX.

[56] Cf. Concilio Ecuménico Vaticano Segundo, Constitución Pastoral sobre la Iglesia en el Mundo Moderno Gaudium et Spes , 42.

[57] Cf. ibid. , 58; cf. Benedicto XVI, Carta Encíclica Deus Caritas Est (25.12.2005), 29: L'Osservatore Romano: Edición Semanal en Inglés , 01.02.2006, Supplemento, VIII.

[58] Juan Pablo II Exhortación Apostólica Post- Sinodal Vita Consecrata (25.03. 1996), 20: AAS 88 (1996) 393; cf. ibid , 26: AAS 88 (1996) 399-400.

[59] Cf. Consejo Pontificio para Justicia y Paz, Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia , Ciudad del Vaticano, 2004, n. 532.

[60] Cf. ibid. , n. 531.

[61] Benedicto XVI, Carta Encíclica (25.12.2005), 32: L'Osservatore Romano: Edición Semanal en Inglés , 01.02.2006, Supplemento, IX.

[62] Cf. Concilio Vaticano Segundo: para el obispo, Constitución Dogmática sobre la Iglesia. Lumen Gentium , 21; para el sacerdote, Decreto sobre el Ministerio y Vida de los Presbíteros Presbyterorum Ordinis , 21; y para los laicos, Decreto sobfre el Apostolado de los Laicos Apostolicam Actuositatem, 29 y la Constitución Dogmática sobre la Iglesia Lumen Gentium , 30ff.

[63] Cf. Segundo Concilio Vaticano Segundo, Constitución Dogmática sobre la Iglesia Lumen Gentium , 41 y el Decreto sobre el Apostolado de los Laicos Apostolicam Actuositatem , 2.

[64] Cf. Concilio Ecuménico Vaticano Segundo, Constitución Dogmática sobre la Iglesia Lumen Gentium , 31; Decreto del Apostolado de los Laicos Apostolicam Actuositatem , 2, 4, 7; Constitución Dogmática sobre la Iglesia en el mundo moderno World Gaudium et Spes , 43; Paul VI, Exhotación Apostólica Evangelii Nuntiandi (08.12.1975), 70-72: AAS 68 (1976) 59-61.

[65] Cf. Benedicto XVI, Carta Encíclica Deus Caritas Est (25.12.2005), 29: L'Osservatore Romano: Edición Semanal en Inglsés , 01.02.2006, Supplemento, VIII.

[66] Cf. Concilio Ecuménico Vaticano Segundo, Constitución Dogmática sobre la Iglesia Lumen Gentium , 31, 36; Decreto sobre el Apostolado de los laicos Apostolicam Actuositatem , 2, 5, 7.,

[67] Cf. Juan Pablo II, Exhortación Apostólica Post-sinodal Christifideles Laici (30.12.1988), 15-17: AAS 81 (1989) 413-421.

[68] Cf. Concilio Ecuménico Vaticano Segundo, Decreto sobre el Apostolado de los laicos Apostolicam Actuositatem , 4; Juan Pablo II, Exhortación Apostólica Post-sinodal Christifideles Laici (30.12.1988), 44: AAS 81 (1989) 479-480.

[69] Benedicto XVI, Carta Encíclica Deus Caritas Est (25.12.2005), 28a: L'Osservatore Romano: Weekly Edition in English , 01.02.2006, Supplement, VII.

[70] Benedicto XVI, Discurso al Cuerpo Diplomático (09.01.2006): L'Osservatore Romano: Edición Semanal en Inglés , 11.01.2006, p. 4-5.

[71] Idem.

[72] Concilio Ecuménico Vaticano Segundo, Constitución Dogmática sobre la Iglesia en el Mundo Moderno Gaudium et Spes , 3.

[73] Cf. Pablo VI, Mensaje al Mundo Día de la Paz (08.12.1968): AAS 60 (1968) 771; Mensaje al Mundo Día de la Paz (08.12.1974): AAS 67 (1975) 65; Mensaje al Mundo Día de la Paz (08.12.1977): AAS 70 (1978) 49..

[74] Cf. John Paul II, Mensaje al Mundo Día de la Paz , "No hay paz sin justicia; no hay justicia sin perdón" (08.12.2001): AAS 94 (2002) 132-140.

[75] Benedicto XVI, Homilía en la Misa Crismal (13.04.2006): L'Osservatore Romano: Edición Semanal en Inglés , 19.04.2006, p. 2-3.

[76] Cf. San Ireneo de Lyon Adv. Haereses , IV, 20, 7 : SC 100/2, p. 648, 180-181.

[77] Cf. San Agustín, De Civitate Dei 10, 5.6; PL 41, 283; San León el Grande, De natali ipsius, Sermo 4, 1: SC 200, 266.

[78] Santo Tomás de Aquino, Summa Theologica III, q. 63, a . 1-6.

[79] Benedicto XVI, Carta Encíclica Deus Caritas Est (25.12.2005), 33: L'Osservatore Romano: Edición Semanal en Inglés , 01.02.2006, Supplemento, IX.

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(Traducción no oficial del inglés)

 

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